12 may. 2020

Píldora de Resurrección: Juan 14, 27-31


Juan 14, 27-31
Os dejo la paz, mi paz os doy. Una paz que no es la que el mundo da. No viváis angustiados ni tengáis miedo. Ya habéis oído lo que os he dicho: “Me voy, pero volveré a estar con vosotros”. Si de verdad me amáis, debéis alegraros de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, por adelantado, para que, cuando suceda, no dudéis en creer. Ya no hablaré mucho con vosotros, porque se acerca el que tiraniza a este mundo. Cierto que no tiene ningún poder sobre mí; pero tiene que ser así para demostrar al mundo que yo amo al Padre y que cumplo fielmente la misión que me encomendó. Levantaos. Vámonos de aquí.

Qué fácil es vivir con ilusión y sentido cuando tenemos claro el fin de nuestra vida, cuando tenemos un motivo para madrugar por las mañanas, para trabajar, implicarnos, comprometernos. Hoy Jesús nos habla del motivo fundamental de su vida: El Padre.
“Es necesario que el mundo comprenda que amo al Padre” todo lo que Jesús hace es por amor al Padre: la encarnación, la persecución, los milagros, la vida itinerante, la cruz, … TODO es por amor al Padre.
Nosotros también necesitamos encontrar el fundamento de nuestra vida. Hoy es buen día para que leyendo el evangelio te preguntes: ¿cuál es el fin de mi vida? ¿por qué hago las cosas? ¿qué busco con mi esfuerzo, mi trabajo? ¿qué pretendo alcanzar?
Y recuerda aquel Principio y Fundamento que fijó S. Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales: “el hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma”

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