6 may. 2020

PILDORA DE RESURRECCIÓN: Juan 12, 45-50

Juan 12, 45-50


«El que cree en mí —clamó Jesús con voz fuerte—, cree no solo en mí, sino en el que me envió. Y el que me ve a mí ve al que me envió. Yo soy la luz que ha venido al mundo, para que todo el que crea en mí no viva en tinieblas.
»Si alguno escucha mis palabras, pero no las obedece, no seré yo quien lo juzgue; pues no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue. La palabra que yo he proclamado lo condenará en el día final. Yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió me encargó qué decir y cómo decirlo. Y sé muy bien que su mandato es vida eterna. Así que todo lo que digo es lo que el Padre me ha ordenado decir».

Hoy Jesús se manifiesta como la luz que ha venido al mundo para vencer nuestras tinieblas.

Hoy se te invita a escoger entre las tinieblas o la luz: ¿qué prefieres?
Que fácilmente todos decimos que preferimos a luz a las tinieblas, sin embargo nuestra vida, nuestros criterios o nuestro comportamiento no siguen ese camino.

Preferimos la luz y sin embargo nos cerramos a aquellos que nos necesitan, o dejamos a Jesús de lado por seguir otras apetencias, o elegimos odiar en vez de perdonar.

¿Cuantas veces no te ha pasado esto? Deseamos la luz pero elegimos las tinieblas.

San Pablo lo expresó de una forma muy bella: cuántas veces hago el mal que no quiero y dejo sin hacer el bien que quiero. Esta frase define perfectamente nuestra vida, aspiramos al bien a lo bello, a lo santo; y sin embargo nos dejamos llevar por el mal, por lo que nos apetece, por lo que no es lo mejor.

Hoy es un día en el que te invito a que tu oración gire entorno a una petición:
Señor, que escoja la luz y que no me deje llevar por las tinieblas. Se que caeré, cederé, pero hoy te escojo a ti y confío en que me sostengas.

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