26 may. 2020

Píldora de Resurrección: Espíritu Santo II


Ayer nos preguntábamos quién es el Espíritu Santo. Estoy convencido que muchísimos cristianos viven como si el espíritu Santo no existiera, es más, hablan muy poco de él, casi no lo invocan, no sienten la necesidad de pedir su compañia constante.

Años atrás se hablaba del Espíritu Santo como el gran desconocido. Sabíamos mucho del Padre , al que invocamos como origen, creador y Dios tierno, sentíamos una gran atracción por el Hijo, por su Encarnación y entrega en la Cruz, por su amor incondicional y su acogida de pecadores y prostitutas. Pero el Espíritu Santo nos resultaba algo lejano, hetéreo, difícil de definir. 

Comprendíamos con mucha naturalidad una relación de filiación con ese Padre amoroso que nos había creado y había realizado una Alianza con su pueblo.  Asimismo entendíamos la invitación de Jesús a no ser siervos, sino amigos, discípulos cercanos que sentían esa fascinación por el Maestro, un Dios hecho hombre. Pero ¿y el Espíritu Santo? ¿Cómo entender nuestra relación con Él?

El Espíritu Santo es el que nos conduce a la intimidad del Padre, el que reproduce en nosotros los sentimientos del Corazón de Jesús, el que nos capacita para entrar en oración y nos guía a las profundidades de Dios. ¡Cuánto necesitamos al Espíritu Santo! 

Hoy te invito a invocarlo, a pedirlo con una actitud de mendigo, con corazón humilde y sediento de su presencia: 
Ven Espíritu Santo, renueva mi vida, condúceme a la intimidad del corazón de Jesús, enséñame a amar, no me dejes solo. Ven Espíritu Santo. 

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