7 abr. 2020

CUARESMENTENA #22: al final de esta Cuaresmentena, te pregunto. ¿Dónde estás?


Pues aquí estamos. Aquí en casa me refiero. Bueno yo en mi casa, tú en la tuya, nosotros en nuestra casa, ... ya tú sabes,... y Dios en la de todos. Y ya la cuarentena se acaba, se amaina, se acerca el tiempo de la Resurrección, de la Pascua, el tiempo de la luz sobre las tinieblas. Pero el tema es que nos toca estar, estar en un lugar continuo.

Es sin duda un tiempo especial, un tiempo de encontrarnos con nuestra intimidad, de encontrarnos con nuestra fragilidad y de encontrarnos sin duda con Papá Dios. Si te llama la atención este nombre, sigue leyendo. Dios es Amor y mucho más.

Una de las cosas que he descubierto que me resultan más apasionantes es descubrir dónde otra persona sitúa a su Creador, la imagen profunda que tiene de Él.


Situar a Dios te resitúa a ti también. Voy a repetirlo. Situar a Dios te recoloca en la relación.

Siempre he pensado que lo más difícil en los comienzos de un noviazgo es el punto en el que pasamos a realmente ser novios, esa conversación que empieza con ¿qué somos? Si somos un rollo, yo soy un dürum y tú otro (mmmm) pero si somos una pareja somos novios, es decir yo soy tu novio y tú mi novia. Es letal.

Por eso, para vivir con más autenticidad tu relación con Dios, que de esto va esta historia, la tuya; es necesario primero situarlo para conocerte. Por ejemplo, Jesús es Pastor, pero también es Rey; Dios es Abbá, Dios es fuego, es intimidad y es consuelo y Él es también Todopoderoso, Glorioso, Majestuoso. Es Luz para las Naciones, es Amigo, es Príncipe de la Paz, es Amor, es el Todo Otro, el Solo. Dios es Amor y mucho más. Jesús Dios es el mismo que muere por mí en la Cruz, el que expulsa a los mercaderes de la Casa del Padre y es el pecho sobre el que Juan se recuesta en la Última Cena. YHWH, Yahveh Sebaot, Adonai, el Eterno, Dios Fiel, el Cordero inmolado y el León de Judá, el Salvador, Enmanuel (Dios-con-nosotros)... ¿Qué tal con el inglish?


En mi vida fue importante darme cuenta de lo mucho que me costaba entender que Dios podía cuidarme. Entiendo y vivo de una manera natural a Jesús glorioso y a Jesús Maestro, pero me cuesta y trato de aprender cada día a vivir a Jesús Pastor y a Mamá María. El motivo es que si Jesús es Pastor, yo soy ... sí acertaste ... oveja, corderillo. Así que dejo de ser autosuficiente y hace falta que me abra a que Dios, Dios Todopoderoso, Dios Altísimo quiere cuidarme,... desea, necesita, se muere (literalmente) por cuidarme. Y mi primera reacción es que eso es para otros que estén peor o que los ayudamos entre los dos. A Papá Dios le llevó tiempo, tiempo de orar, tiempo de entender, tiempo de abrazar toda mi historia explicarme su decisión de que yo dependa totalmente de Él. En depender de que Dios me cuide ahora sé que me lo juego todo. Sé que esta siempre es la penúltima resituación que Dios hace con nuestra relación. Hoy en mi oración surgió un nombre nuevo para Dios, Alíntsimo. Dios Altísimo e íntimo.

Así que, hoy, empezando abril, al final de esta Cuaresmentena, te pregunto. ¿Dónde estás? No me digas en casa, para responder a esta pregunta dime, ¿quién es Dios en tu vida hoy? ¿Qué edad y cuánta barba tiene el Jesús al que rezas? ¿Es el Espíritu Santo una persona? ¿Te atreves?

Pablo Villaverde

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