21 mar. 2020

Cuaresmentena #8: Dios nos quiere alegres, ilusionados y cerca de Él.


Esta cuarentena nos ha roto a todos los planes, el viaje a casa adelantado, los exámenes, las quedadas, las actividades, todos los planes han quedado parados. 

Los primeros días estábamos expectantes, de repente tanto tiempo para hacer todo lo que no solíamos poder, sin embargo… a medida que pasan los días parece que las paredes de la casa se encogen. No es que antes estuviéramos todo el día en la calle, pero parece que cuando te prohíben algo te das cuenta de lo libre que eras. 
Y con tanto tiempo, empieza a parecer que no rinde, no rezas las horas que te habías propuesto ampliar la oración, o el tiempo que te habías marcado para estudiar, leer… 
Yo empezaba a preguntarme el por qué de este parón en todo, Dios deja que pase esto: enfermos, gente que se va con él… Cuesta entender que en estas circunstancias nos está uniendo como Iglesia, a través de la misa por la televisión, rezar juntos el rosario, el Ángelus juntos a las 12… la Iglesia ha conseguido mantener este espíritu de unidad en un tiempo en el que nos podemos sentir físicamente aislados. Y Dios nos une a Él. Deja que esto pase en nuestras vidas para llevarnos al desierto con Él. Y ahí nos aleja de lo que nos hacía daño, de lo que tenemos que distanciarnos, nos acerca a los que necesitamos a nuestro lado haciéndonos pasar más tiempo con nuestros padres y hermanos y nos da el tiempo para que hablemos de todo con ellos, con nuestros amigos para ponernos al día, y para que en el silencio estemos al lado de Él en el desierto. 
Y aún en casa tenemos batallas, no es fácil estar con las mismas personas todo el día en el mismo espacio, y las tentaciones también están dentro así que no podemos bajar la guardia, y encontramos que Dios nos regala ser soldados suyos todos los días toda la vida. No nos podemos dejar vencer por la pereza, el desánimo, el agobio o la incertidumbre. Dios nos quiere alegres, ilusionados y cerca de Él. 
En Navidad nos costó centrarnos en lo que estaba pasando porque la mitad de la cabeza la teníamos en exámenes o en viajar a ver a la familia; ¡y ahora Cristo nos regala este tiempo para vivirlo centrados en Él! Sin distracciones. Saquemos toda la alegría y todo el ánimo de estar con Él, que estas cuatro paredes nos lleven a la inmensidad del desierto. Siempre estemos donde estemos, dice el salmista: “El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, desde ahora y para siempre”.

Manuela Almará.

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