30 oct. 2019

Dos meses después: Testimonios Buscando el Norte

Esta mañana mientras iba en el metro sin cobertura me he puesto a hacer "limpieza" en la galería, y he acabado viendo todas las fotos del viaje tan maravilloso que hicimos a finales del verano.

Hoy, día 30 de octubre, hace justo dos meses que me despedía en San Isidro de Dueñas de todos los maravillosos gallegos con los que hice este viaje. A algunos ya los conocía, a otros los conocí de nuevas. Sea como fuere este viaje me ha dado la posibilidad de conocer a gente maravillosa en profundidad, y de dar las gracias a Dios por todos ellos.


Esta increíble ruta empezó en Covadonga, con la reconquista de nuestro corazón para Dios, y no se me ocurre mejor forma de empezar, sin duda alguna.
Después fuimos viendo uno a uno un montón de Santos, cada uno de su padre y de su madre. Pero tal como Javi nos dijo en una homilía todos tenían algo en común: el fracaso. El fracaso a los ojos del mundo que a veces nos hace pensar que todo se acaba y que nada tiene solución. Un fatalismo para nada cierto, porque Dios habla desde los fracasos. Lo que para el mundo puede parecer un auténtico fracaso para Dios no lo es en absoluto. Esta es una de las cosas más a recalcar que me llevo de este viaje: la confianza en Dios, y en sus planes, que Él siempre sabe lo que hace aunque al resto del mundo (incluso a nosotros mismos) nos parezca una locura.

Otra característica común de todos los Santos era su locura (parte con la que me siento un poco identificada). Su locura por Dios, por el amor que le tienen, y por como lo demostraban sirviendo a los demás.
Esto es algo que yo he ido viendo en el viaje. Me he quedado tan sorprendida de conocer a algunas personas tan serviciales,alegres y maduras que sin duda llevan a Dios en su corazón.

Hablando de la alegría, eso es lo que sin duda ha reinado en este viaje, y una de las mejores partes que recuerdo. Me levantaba y acostada con una sonrisa en la cara, y el corazón lleno de anécdotas y recuerdos que nunca olvidaré. El día de PortAventura sin duda fue la guinda del pastel, nos lo pasamos en grande. Pero cómo ese día quedan las risas del bus, las comidas tan guays, los juegos de cartas (o sin ellas) medio improvisados, y los bailes en los baños a la par que nos lavamos los dientes.

Este viaje ha sido uno de los más increíbles de mi vida, y sin duda es algo que quiero repetir al año que viene y que quedara grabado en mi memoria para siempre. 














0 comentarios: