4.9.19

Testimonio Buscando el Norte

Para mí, buscando el Norte ha sido una experiencia muy interesante e intensa, que me he encontrado en gran medida por la acción del Señor.

Debido a que vivo en una parroquia rural con escasa presencia de jovenes, no tengo un grupo de referencia para compartir mi fe con Cristo (dejando a un lado a mi familia), por lo que he buscado varias veces ya, sin éxito, un grupo en el que poder compartir mi fe. Sin embargo, gracias a la intervención de Dios, a través de mi padre, que me sugirió explorar la Pastoral Juvenil de Santiago de Compostela, pude ponerme en contacto con su responsable, Javier, y descubrir esta experiencia única que, debo reconocer, en un principio me interesó mayormente por su carácter lúdico (con, por ejemplo, la visita a Port Aventura).

En esta peregrinación, pese a mis temores de no ser capaz de relacionarme con la gente y de salir igual o peor de lo que entré (debido a factores como mi falta de confianza para con aquellos que desconozco, y mi talante perezoso, que tiende a hacerme permanecer con aquellos que ya conozco -en este caso, mis hermanos, que me acompañaban- en vez de esforzarme por conocer a otras personas y socializar), me he llevado una agradable sorpresa al conocer al grupo y conseguir amistades con las que poder compartir mi fe. 

Realmente, para mí ha sido un milagro lograr dejar a un lado mis miedos y prejuicios y congeniar tan rapidamente con el grupo, y doy gracias a Dios por traerme esta experiencia y darme la oportunidad de conocer a gente tan maravillosa, a la que doy gracias por aceptarme y cuidarme como lo hicieron.

Pero Buscando el Norte no se reduce únicamente a una excursión con el objeto de socializar, pues es también, y sobre todo, una peregrinación con el objeto de "encontrar el Norte" y encontrarse con Dios. Y esto ha sido posible gracias a las visitas a diversos santuarios y la reflexión sobe diferentes Santos, entre los que me gustaría destacar, por un lado, la visita a Covadonga y al monasterio de Lerma de Iesu Communio, cuya belleza, en ambos casos, me resultó un canto a Dios y a su madre, la Virgen María, y por el otro lado, a las figuras de San Rafael Arnaíz y de San Alonso Rodríguez, que me mostraron que se puede encontrar a Dios en las tareas diarias, y ser Santo en el día a día, en la vida normal y corriente, simplemente dedicándose a Él en todo lo que se haga y siguiendo las enseñanzas que su Hijo nos enseño de amar y respetar a uno mismo y al prójimo.

Tomás Rodríguez Puy







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