9.5.19

Testimonio del Encuentro Diocesano de Niños: SANTA EULALIA NOS AYUDA A SER AMIGOS DE JESÚS




El pasado mes de marzo, nuestro Delegado Diocesano de Infancia e Xuventude me preguntó “¿Queréis ayudarnos a preparar un taller para el Encuentro Diocesano de Niños?”. He de reconocer que en ese momento me descolocó, porque mi creatividad es nula. Cuando añadió “Podéis hacer teatro, cantar, algún juego que se os ocurra con los niños”, me gustó más la idea, porque la propuesta era para un equipo de familias que, desde hace cuatro años, trabajamos para el Señor y a disposición de la Iglesia.
¿El lema?: Atrévete a ser santo. ¿El tema para trabajar el taller?: La vida de algún santo conocido, que nos pueda servir como ejemplo. En nuestro caso, hemos elegido a nuestra Patrona, Santa Eulalia, una niña extremeña que entregó su vida por amor a Jesús y a la Iglesia cuando apenas contaba con 12 años de edad. Un ejemplo a seguir.
Pedí colaboración en el equipo de catequistas de post-comunión, que ha dado forma a un cuento. Ya teníamos la primera idea. La Semana Santa estuvo llena de trabajo y oración, para que el Espíritu Santo fuera iluminando cómo quería que se desarrollase el taller. Y es que cuando el Espíritu Santo se empeña en algo, lo hace. Solo necesita un SÍ como el de María. Un “HÁGASE” como el que cantamos como himno de la jornada.
En la primera reunión con los niños y niñas del Coro Infantil Santa Eulalia empezamos a completar ideas. “¿Qué tienes pensado, Fernandito?”. “No sé… poca cosa… tenemos un cuento al que tenemos que dar forma, y unas letras para completar una frase… pero no se me ocurre mucho… ¿Sabéis alguna frase que nos anime a ser santos?“ Y como nuestros niños están más abiertos que nosotros a la inspiración del Espíritu Santo, surgió la frase: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Unas letras en blanco… un poco triste… “¿A ver, Fernandito, dónde tienes los rotuladores?” Y así, cada letra fue tomando un color, de manera que todas las letras de la misma palabra tenían el mismo color.
“Esto… ejem… tenemos hora y media… la frase la montamos en cinco minutos… el cuento en otros cinco… habrá que hacer algo más… ¿No?”. “¿y por qué no hacemos una búsqueda del tesoro? En las pistas hablamos de Santa Eulalia…” Gracias a los chavales, la idea estaba completa. Ahora tocaba trabajar en equipo y ordenar las ideas.
Así, el pasado 1 de mayo recibimos a los niños de nuestro taller entregando un papelito enrollado.” ¿Qué tenéis ahí? “ …y fueron apareciendo letras de colores…  “esto tiene truco… las letras de cada color forman una palabra… ¿A ver si sabéis cuál?”. “Ya sé… aquí pone QUE”.  Y Poco a poco, fue apareciendo cada palabra. “¿Y si las juntamos todas?” Efectivamente, apareció la invitación de Jesús: “DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ”. Cada letra, diferente; cada letra, un color, pero en conjunto tiene sentido. Porque el Señor nos hace Santos en Comunidad.
Un cuento dialogado nos ayudó a ver que dentro de la Iglesia todos somos necesarios. Y que cuando trabajamos en equipo, creando comunidad, estamos en el camino que nos lleva a ser santos, esto es, amigos fieles de Jesús.
Andreíta se curró la búsqueda del tesoro. Tiene experiencia. Lo había hecho con su hermano y sus primos para encontrar los huevos de Pascua. Y como es veterana en los EDN’s, conocía el terreno.  Por una vez, la predicción meteorológica no nos falló, y pudimos usar los exteriores del  Seminario Menor. “Vamos a hacer dos equipos, pero no es una competición.  Jesús quiere ser amigo de todos” – dije, previendo lo que podía pasar…
Y así, fuimos presentando las pistas. En cada pista, fuimos conociendo que Santa Eulalia era una niña cristiana que, en época del emperador Diocleciano, que había prohibido el culto a Cristo, se presentó al gobernador  para pedir que se permitiera la adoración a Nuestro Verdadero Señor. Ante su negativa al chantaje, fue castigada hasta entregar su vida, siendo un ejemplo de fidelidad a Cristo, pero también de esa valentía que muchas veces parece que nos falta hoy.
En cada pista, una frase que nos ayuda a ser mejores amigos de Jesús. Y en cada pista, la ubicación de la siguiente, ayudándonos, a la vez, a saber quién podía ser el tesoro que estábamos buscando.
Y acabamos en la Capilla. Ante el Sagrario, que esta vez tenía la presencia del Señor. Y delante del Altar, un cofre lleno de moneditas de chocolate. “Podemos coger las monedas. Pero como estamos ante Jesús, presente en la imagen de la Cruz pero, sobre todo, presente de manera real en el Sagrario, le vamos a decir por qué queremos ser sus amigos. Lo escribimos y dejamos el papelito en el cofre”. Las oraciones de los niños siguen en los cofres,  al pie de la Cruz, para que cada día nuestro Señor las pueda recoger. Un silencio de oración personal puso fin a este momento del taller.
Regresamos al aula de Osteopatía que se nos reservó para la ocasión. Y ahí nos esperaban otros papeles enrollados. ¿Qué tenían? Letras. Cada letra un color. Cada color formaba una palabra. Y en esta ocasión, para finalizar el taller, apareció la frase con la que hemos querido representar nuestro compromiso personal y comunitario: “QUIERO SER AMIGO DE JESÚS”. Que lo vivido nos ayude a seguir cultivando nuestra fe, a seguir amando a nuestra Iglesia, y a segur construyendo el reino de Dios.

Fernando García Sanz

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