11.4.19

CHRISTUS VIVIT #9 Lectura Diaria

Hoy de santos jóvenes va la cosa, os compartimos no sólo los puntos de CHRISTUS VIVIT sobre ellos sino también un artículo de Religión en Libertad por si queréis conocer un poquito más sobre ellos. 


"Jóvenes santos
49. El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Ellos fueron preciosos reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra. El Sínodo destacó que «muchos jóvenes santos han hecho brillar los rasgos de la edad juvenil en toda su belleza y en su época fueron verdaderos profetas de cambio; su ejemplo muestra de qué son capaces los jóvenes cuando se abren al encuentro con Cristo».

50. «A través de la santidad de los jóvenes la Iglesia puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico. El bálsamo de la santidad generada por la vida buena de tantos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados: los jóvenes santos nos animan a volver a nuestro amor primero (cf.Ap 2,4)». Hay santos que no conocieron la vida adulta, y nos dejaron el testimonio de otra forma de vivir la juventud.Recordemos al menos a algunos de ellos, de distintos momentos de la historia, que vivieron la santidad cada uno a su modo.

51. En el siglo III, san Sebastián era un joven capitán de la guardia pretoriana. Cuentan que hablaba de Cristo por todas partes y trataba de convertir a sus compañeros, hasta que le ordenaron renunciar a su fe. Como no aceptó, lanzaron sobre él una lluvia de flechas, pero sobrevivió y siguió anunciando a Cristo sin miedo. Finalmente lo azotaron hasta matarlo.

52. San Francisco de Asís, siendo muy joven y lleno de sueños, escuchó el llamado de Jesús a ser pobre como Él y a restaurar la Iglesia con su testimonio. Renunció a todo con alegría y es el santo de la fraternidad universal, el hermano de todos, que alababa al Señor por sus creaturas. Murió en 1226.

53. Santa Juana de Arco nació en 1412. Era una joven campesina que, a pesar de su corta edad, luchó para defender a Francia de los invasores. Incomprendida por su aspecto y por su forma de vivir la fe, murió en la hoguera.

54. El beato Andrés Phû Yên era un joven vietnamita del siglo XVII. Era catequista y ayudaba a los misioneros. Fue hecho prisionero por su fe, y debido a que no quiso renunciar a ella fue asesinado. Murió diciendo: “Jesús”.

55. En ese mismo siglo, santa Catalina Tekakwitha, una joven laica nativa de América del Norte, sufrió una persecución por su fe y huyó caminando más de 300 kilómetros a través de bosques espesos. Se consagró a Dios y murió diciendo: “¡Jesús, te amo!”.

56. Santo Domingo Savio le ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando san Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió en 1857 a los catorce años, diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”.

57. Santa Teresa del Niño Jesús nació en 1873. A los 15 años, atravesando muchas dificultades, logró ingresar a un convento carmelita. Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia.

58. El beato Ceferino Namuncurá era un joven argentino, hijo de un destacado cacique de los pueblos originarios. Llegó a ser seminarista salesiano, lleno de deseos de volver a su tribu para llevar a Jesucristo. Murió en 1905.

59. El beato Isidoro Bakanja era un laico del Congo que daba testimonio de su fe. Fue torturado durante largo tiempo por haber propuesto el cristianismo a otros jóvenes. Murió perdonando a su verdugo en 1909.

60. El beato Pier Giorgio Frassati, que murió en 1925, «era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida». Decía que él intentaba retribuir el amor de Jesús que recibía en la comunión, visitando y ayudando a los pobres.

61. El beato Marcel Callo era un joven francés que murió en 1945. En Austria fue encerrado en un campo de concentración donde confortaba en la fe a sus compañeros de cautiverio, en medio de duros trabajos.

62. La joven beata Chiara Badano, que murió en 1990, «experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor […]. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás».

63. Que ellos y también muchos jóvenes que quizás desde el silencio y el anonimato vivieron a fondo el Evangelio, intercedan por la Iglesia, para que esté llena de jóvenes alegres, valientes y entregados que regalen al mundo nuevos testimonios de santidad".










La juventud es la protagonista de la Exhortación Apostólica Postsinodal Christus Vivit que ha firmado el Papa Francisco y que sirve como colofón final al Sínodo de los Jóvenes que se celebró el pasado año en el Vaticano.
Para animar a los católicos más jóvenes en la misión que tienen por delante tanto en la Iglesia como en el mundo en el que les ha tocado vivir, Francisco presenta en su escrito el ejemplo de varios santos jóvenes, que ofrecieron su vida cada uno de una manera diferente a favor del prójimo.
“El corazón de la Iglesia también está lleno de jóvenes santos, que entregaron su vida por Cristo, muchos de ellos hasta el martirio. Ellos fueron reflejos de Cristo joven que brillan para estimularnos y para sacarnos de la modorra”, explica el Papa.
Otra forma de vivir la juventud
Por ello, Francisco insiste en que “a través de la santidad de los jóvenes la Iglesia puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico. El bálsamo de la santidad generada por la vida buena de tantos jóvenes puede curar las heridas de la Iglesia y del mundo, devolviéndonos a aquella plenitud del amor al que desde siempre hemos sido llamados: los jóvenes santos nos animan a volver a nuestro amor primero”.
De este modo, en Christus Vivit recuerda a algunos santos y beatos jóvenes que “nos dejaron el testimonio de otra forma de vivir la juventud”. Estos son los ejemplos que propone el Papa:
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1. San Sebastián
 Murió mártir a los 34 años tras vivir entre los años 256 y el 288. Francisco recuerda de él  que era un joven capitán de la guardia pretoriana. “Cuentan –explica Francisco- que hablaba de Cristo por todas partes y trataba de convertir a sus compañeros, hasta que le ordenaron renunciar a su fe. Como no aceptó, lanzaron sobre él una lluvia de flechas, pero sobrevivió y siguió anunciando a Cristo sin miedo. Finalmente lo azotaron hasta matarlo”.
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2. San Francisco de Asís
San Francisco es el santo cuyo nombre eligió este Papa para su Pontificado. Es especial para él pues con el ejemplo de su vida transformó la Iglesia y el mundo de su tiempo. No vivió más de 44 años, pero en ese momento (finales del siglo XII y especialmente el primer cuarto del XIII) realizó una impresionante obra evangelizadora. “Siendo muy joven y lleno de sueños escuchó el llamado de Jesús a ser pobre como Él y restaurar la Iglesia con su testimonio.Renunció a todo con alegría y es el santo de la fraternidad universal, el hermano de todos, que alaba al Señor por sus creaturas”, explica Francisco.
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3. Santa Juana de Arco
Esta joven campesina francesa vivió sólo 19 años hasta que fue quemada en la hoguera. Pero en ese tiempo (1412-1431) siguiendo las instrucciones que oía, las de voces celestiales logró enardecer a los desanimados franceses y llevarlos a la victoria. “Incomprendida por su aspecto y por su forma de vivir la fe, murió en la hoguera”, afirma el Papa. Es un ejemplo de ímpetu y valentía de una joven que siguió con firmeza lo que le dictaba su fe.
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4. Beato Andrés Phû Yên
Este joven fue el primer mártir de la Iglesia en Vietnam. Bautizado en 1641 fue asesinadopor su fe en 1644. Era un activo catequista y ayudaba a los misioneros que evangelizaban la zona. Cuando empezó la persecución contra los cristianos fue hecho prisionero por su fe, a la que se negó a renunciar. Un misionero que presenció su martirió solicitó que se le permitiera poner una alfombra debajo de Andrés, pero éste se negó porque quería que su sangre regase la tierra como lo había hecho la de Jesucristo. Murió diciendo: “¡Jesús!”.
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5. Santa Catalina Tekakwhita
Esta joven, hija de un jefe Mohawk, fue la primera santa “piel roja” nativa de lo que hoy es Estados Unidos. Apenas vivió 24 años (1656-1680) y su vida estuvo marcad desde su infancia por el dolor y también por las dificultades debido a la fe que encontró gracias a unos misioneros jesuitas.  Dedicó su vida al cuidado de los ancianos y enfermos y que vivió en Nueva York y Canadá, se consagró a Dios, tuvo que huir más de 300 kilómetros por los bosques y finalmente moriría enferma diciendo: “¡Jesús, te amo!”.
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6. Santo Domingo Savio
Murió tres semanas antes de cumplir los 15 años, convirtiéndose en uno de los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia. Fue alumno de San Juan Bosco en el oratorio de San Francisco de Sales. Enfermo, este niño quería sobre todo ser santo. El Pontífice dice de él que “ofrecía a María todos sus sufrimientos. Cuando San Juan Bosco le enseñó que la santidad supone estar siempre alegres, abrió su corazón a una alegría contagiosa. Procuraba estar cerca de sus compañeros más marginados y enfermos. Murió diciendo: “¡Qué maravilla estoy viendo!”.
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7. Santa Teresa del Niño Jesús
Teresa de Lisieux vivió únicamente 24 años, y pese a las dificultades y la enfermedad, pudo ingresar en un convento carmelita a los 15 años. Aunque falleció muy joven esta francesa nacida en 1873 es Doctora de la Iglesia. “Vivió el caminito de la confianza total en el amor del Señor y se propuso alimentar con su oración el fuego del amor que mueve a la Iglesia”, escribe el Papa en la Exhortación.
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8. Beato Ceferino Namuncurá
Compatriota del Papa Francisco, e hijo de un destacado cacique mapuche, Ceferino murió en 1905 antes de cumplir los 20 años en Roma, cuando era un joven salesiano aspirante a sacerdote debido a la tuberculosis. En 2007 fue beatificado, y recientemente Francisco le recordaba con estas palabras: “Me hace mucho bien pensar en el deseo que Ceferino tenía de ser sacerdote para servir a su pueblo. Así debe de ser. El sacerdote siempre identificado con su pueblo, de tal manera que su tiempo, su vida, su persona sean para sus hermanos”.
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9. Beato Isidoro Bakanja
Este joven laico del Congo dio un impresionante testimonio de fe con su vida. Iniciado en la fe cristiana en su adolescencia, con gran ardor y valentía hablaba a Cristo a otros jóvenes mientras trabajaba. El encargado de la colonia, por odio al cristianismo, lo mandó torturar durante un largo tiempo. Finalmente, murió en 1909 perdonando a sus verdugos.
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10. Beato Pier Giorgio Frassati
Este joven turinés murió en 1925 con sólo 24 años, pero Francisco destaca de él que “era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida. Decía que él intentaba retribuir el amor de Jesús que recibía en la comunión, visitando y ayudando a los pobres”.  Por su parte, San Juan Pablo II decía en su beatificación que “en la Acción Católica vivió la vocación cristiana con alegría y orgullo, y se afanó por amar a Jesús y descubrir en Él a los hermanos que encontraba en el camino o que buscaba en los lugares del sufrimiento, de la marginación, del abandono, para hacerles sentir el calor de su solidaridad humana y el consuelo sobrenatural de la fe en Cristo. Murió joven, al final de una vida breve, pero extraordinaria de frutos espirituales, dirigiéndose "a la verdadera patria a cantar alabanzas a Dios".
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11. Beato Marcel Callo
Este laico francés murió con tan sólo 23 años en el campo nazi de Mauthausen en 1945, a donde le enviaron prisionero por ser “demasiado católico”. Durante la II Guerra Mundial y después en el campo de exterminio siguió confortando en la fe a sus compañeros pese a que todos estaban agotados por los duros trabajos a los que les sometían.
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12. Beata Chiara Badano
Esta joven italiana murió en 1990 a los 18 años tras una dura enfermedad. Tanto ella como su familia eran focolares y durante su agonía repetía una y otra vez: “Por ti, Jesús, ¡si tú lo quieres, yo también lo quiero!”. Francisco afirma que Chiara “experimentó cómo el Señor puede ser transfigurado por el amor. La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás”

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