26.3.19

"Necesitamos una renovación y el Papa está empeñado en ella"

Os compartimos una entrevista realizada por Fran Otero para Alfa y Omega realizada este 21 de Marzo a Rossano Sala. Podéis encontrarla original pinchando aquí.


Como buen salesiano, Rossano Sala lleva la preocupación por los jóvenes en su ADN. Es profesor de la Universidad Pontificia Salesiana de Roma y director de la revista Note di pastorali giovanile. En el último sínodo sobre los jóvenes fue secretario especial. La pasada semana estuvo de visita en España, donde ofreció una conferencia en la Universidad Eclesiástica San Dámaso y presentó su libro Pastoral Juvenil: evangelización y educación de los jóvenes (CCS). Cree que la exhortación apostólica, que se hará pública el 25 de marzo, relanzará el camino sinodal que «no concluye hasta que llegue a cada Iglesia local»
Usted ha dicho que el Sínodo no es solo la asamblea sinodal, sino que hay camino antes y después… ¿Dónde estamos ahora en los que se refiere a la pastoral juvenil?
En este momento, estamos esperando la exhortación apostólica del Papa. Ha habido un instrumentum laboris, que ha servido como base del trabajo sinodal; un documento sinodal, que es el fruto de la asamblea; y ahora tendremos la exhortación apostólica, que relanzará este camino sinodal que no termina hasta que llegue a cada Iglesia local. Hay que decir, en este sentido, que precisamente esta última etapa, la de recepción, ha sido uno de los grandes puntos débiles o talón de Aquiles de los sínodos. Si no hay recepción, el sínodo es como si no existiese, porque todo el trabajo tiene que tocar el cuerpo eclesial. Son significativos el lugar y la fecha elegidos por el Papa Francisco para presentar la exhortación –el 25 de Marzo, en Loreto–. Porque el sí de María es el inicio del camino y nos recuerda de manera simbólica que también nosotros vamos a empezar uno.
¿Cuáles serán los puntos centrales de ese documento papal?
Uno de los grandes temas será la sinodalidad. El propio Francisco ha dicho que el camino sinodal es el que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. Que sin la sinodalidad el impulso misionero no será fuerte. Es una afirmación muy importante. Diría también que aparecerá la necesidad de caminar con los jóvenes, antes de hacer caminar a los jóvenes; esto es, una Iglesia en salida y en movimiento, que recupera el dinamismo juvenil. Recordemos que uno de los puntos de partida del Sínodo fue el mensaje del Concilio Vaticano II a los jóvenes, donde se dice que la Iglesia es la juventud del mundo. Recuperar esto es importante. Mostrará la voluntad de la Iglesia de tejer nuevas relaciones con el mundo juvenil, una dinámica de renovada proximidad y amistad que se profundizará en una propuesta de caminar juntos. Pienso que esto será el corazón de su discurso, porque la cuestión de la sinodalidad es sistémica, es decir, va a tocar a todas las partes de la vida de la Iglesia.
¿Han existido resistencias?
Siempre, porque estamos hablando de la Iglesia, un organismo vivo, en camino. Hay quien quiere andar en otra dirección o propone otras prioridades. Esto es normal y lo que quiere infundir en la Iglesia el Papa es el sentido del discernimiento. Quiero decir que todos tienen derecho a hablar y a ser escuchados. Entonces, el discernimiento implica esta capacidad de escucha recíproca y de acoger la vía indicada por la autoridad de la Iglesia. Creemos en el primado petrino como el lugar de orientación y de primado de la caridad, no de autoritarismo. Un primado de la caridad que guía al pueblo de Dios.
¿Cómo debe escuchar y acercarse la Iglesia a los jóvenes de hoy?
El tema fundamental desde el punto de vista bíblico en el Sínodo es el relato de Emaús, donde el primer paso no es la afirmación y sí la pregunta. Donde la pregunta se abre a la escucha y donde la escucha, cuando es empática, toca al que escucha y cambia su corazón. La verificación de una verdadera escucha es el cambio de corazón. Un padre sinodal utilizó la imagen de la sirofenicia que se acerca a Jesús [le pide que cure a su hija y Él la rechaza. Ella insiste y al ver su fe le concede lo que solicita]. Al escucharla, cambió su postura, la palabra lo puso en movimiento. Cuando la Iglesia escucha a los jóvenes se pone en movimiento, en un camino de conversión.
¿Cuál es la línea que seguir de cara al futuro en la pastoral juvenil?
Diría tres cosas. La primera, hay que recuperar la proximidad con el mundo de los jóvenes. En segundo lugar, tenemos que repensar el cristianismo a partir de la dimensión vocacional y, por tanto, de la personalización de la vida de fe. Y por último, recuperar el dinamismo juvenil de la Iglesia.
Por la experiencia en el sínodo, ¿cómo afectan los casos de abusos a menores en la relación de la Iglesia con los jóvenes?
El tema de los abusos se afrontó en la asamblea sinodal de forma muy equilibrada. De hecho, se habló de varios niveles de abusos: de autoridad y poder, administrativo, de manipulación de la conciencia y sexuales. En los abusos a menores hay una oportunidad para la renovación de la Iglesia, porque en la caída siempre aparece la Gracia que nos permite levantarnos. Una presencia renovada de la Iglesia, un nuevo Pentecostés, es la solución a estos casos que han llegado, como ha dicho el Papa, por «un abismo espiritual».
No ha concluido el camino sinodal y ya se avecina otro sínodo… ¿No es un riesgo que haya tantos temas abiertos?
Una de las posibles críticas que se han hecho en estos años es que los sínodos están muy cerca unos de otros. Y tiene una motivación lógica, pues cuando se convocó el Sínodo de los jóvenes muchas comunidades estaban implicadas en la recepción del Sínodo sobre la familia. Ahora aparece en el horizonte el del Amazonas, aunque el tema del medio ambiente es uno de los temas que han salido en el Sínodo de los jóvenes, que es el de la ecología integral.
Ya se piensa incluso más allá del Amazonas. Se habla de cuestiones como la mujer en la Iglesia…
Podría ser sobre las mujeres, pero también sobre la propia sinodalidad, sobre la justicia y la paz, o el desarrollo de la caridad en el mundo contemporáneo. Son muchos temas y muy importantes para nuestro mundo. Es importante, en este sentido, que la Iglesia se muestre corazón del mundo, al servicio de todos sea cualesquiera su situación, y que no trabaje para su autopreservación o para sí misma.
¿Tendrá que cambiar el funcionamiento del sínodo, de modo que haya una mayor representación, por ejemplo, de laicos o de mujeres?
El sínodo nació como un lugar para acompañar la recepción del Concilio Vaticano II y hoy ese modelo ha cambiado. Ahora es un instrumento de renovación de la Iglesia. Por esto, algunos defienden que hay que hacer una sínodo sobre la sinodalidad, porque para cambiar las reglas del sínodo se necesita un sínodo. Si no se hace esto, seguirá siendo una representación de la jerarquía de la Iglesia. Será el sínodo de obispos, pero no de la Iglesia universal. Para esto necesitamos una renovación y el Papa está empeñado en ella. Pero también hay que decir que la Iglesia tiene sus tiempos.

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