29.10.18

Carta a los jóvenes de los padres sinodales: “Sois el presente, sed el futuro más luminoso”


La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo” ha dicho a los jóvenes el Cardenal Baldisseri, quien ha leído la carta a los jóvenes al término de la Misa de clausura del Sínodo, celebrada esta mañana, 28 de octubre de 2018, en la Basílica de San Pedro.
El Santo Padre ha abrazado y ha agradecido la participación a varios jóvenes que han subido el altar, en representación de los 34 jóvenes que han trabajado en esta XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, presentes en la Eucaristía.
En la carta, los padres sinodales y participantes en el Sínodo, dicen a los jóvenes: “Queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales” y alientan: “La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza”.

El Cardenal Lorenzo Baldisseri es el Secretario General de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, celebrado del 3 al 28 de octubre en el Vaticano.
Este XXX Domingo del Tiempo Ordinario se ha clausurado el tercer Sínodo convocado por el Papa 

Francisco, y fruto de ellos, se ha elaborado un documento final para seguir trabajando y rezando por los jóvenes, explicó el Santo Padre.

Sin embargo, el Santo Padre avirtió de que “el resultado del Sínodo no es un documento”. Francisco aseguró que “ahora el Espíritu nos entrega a nosotros el documento para que trabaje en nuestros corazones, somos nosotros los destinatarios del documento”.
La carta ha sido escrita por 8 participantes en el Sínodo: 4 padres sinodales (procedentes de distintos continentes), 2 jóvenes auditoras, un invitado especial y un experto.
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Carta de los padres sinodales a los jóvenes
Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escuchar la voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestros gritos de alegría, los lamentos, los silencios. 
Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan. Deseamos que ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguro que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y en la historia humana. 

Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo. 

Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia. 
Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos misioneros. 
La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo. Haceos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida.
Sois el presente, sed el futuro más luminoso. 

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