20.9.18

Testimonio Tierra Santa: “Escogí la mejor parte”

Después de mi experiencia en Tierra Santa, he llegado a la conclusión de que, como dice la maravillosa canción compuesta y cantada por Javi en Betania, “escogí la mejor parte” (incluso con la aventura del Mar Muerto). Hubo momentos de emoción en los cuales yo no podía “con aquella angustia en el pecho”, ya que las lágrimas derramadas eran tales, que me ahogaba con ellas y con esa emoción que no me dejaba dormir.

Todo fue maravilloso, pero destaco el hecho de estar rezando en el lugar de la Crucifixión de Jesús. Hubo un momento que me sorprendió que fue cuando, sin saber por qué, empecé a temblar y, acto seguido, empezaron a tocar unas campanas. La impresión fue grande, pero salí de allí renovado y contento por haber tocado con mis propias manos el lugar exacto donde Cristo estuvo crucificado.
Otro de los hechos importantes fue la visita al Santo Sepulcro. Allí viví un momento especial gracias a Begoña que, al derramar aquellas lágrimas, me emocionó de tal forma, que casi me derrumbo. Claro. Es una experiencia muy fuerte y es algo muy grande que a veces nos supera.
Aquí voy a incluir mi experiencia acuática en el Mar Muerto. Es evidente que es un lugar fantástico, pero a mí, como bien sabéis, quiso probar mi equilibrio. Sin embargo, yo daba vueltas sobre el agua agarrado a una cuerda y sin contar la sal que tragué y la limpieza de los ojos (nunca había tomado tanta sal). De todas formas, lo recuerdo hoy como una experiencia enriquecedora que llegó a su culmen con la maravillosa canción dedicada a este hecho.
También me emocionó mucho ir hacia Belén cantando villancicos y recordando el nacimiento de Jesús. Cada uno de ellos me hizo recordar momentos de la infancia y, sobre todo, a personas de mi familia que ya no están. ¡Qué bonitas son las reuniones familiares recordando este gran acontecimiento! Y, además, las promesas del Bautismo, renovadas en el río Jordán, que son continuación de aquel momento que tuvo lugar, en mi caso, el 26 de febrero de 1984.
Y, como conclusión, el viaje por el Lago de Galilea, recordando también aquella llamada de los discípulos por parte de Jesús. Fueron muchas cosas, muchos lugares, muchas emociones, pero todas fueron buenas e importantes para todos nosotros.
Es evidente que Dios pone en nuestro camino personas maravillosas. El viaje fue estupendo, pero, con vuestra compañía, todavía mejor. Gracias por vuestra paciencia ante mis percances y, sobre todo, gracias a Silvia, mi ángel de la guarda en este viaje, por esos maravillosos consejos que me daba durante el viaje. Gracias a todos de corazón y…¡Viva TIERRA SANTA!


Carlos Camiño Lema 

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