3.9.18

Testimonio de Tierra Santa: Todo comenzó en Galilea

Corría el mes de enero cuando tomé la decisión de inscribirme en la peregrinación a Tierra Santa, sin ni siquiera saber si podría ir o no: el mes de agosto es temporada alta en la tienda donde trabajo, ¿accederá mi jefe a concederme vacaciones en ese período?; en julio tengo exámenes de oposición, ¿qué pasa si apruebo? ¿Y si suspendo? Decidí arriesgar y confiar en la voluntad de Dios, y Dios me hizo el mejor regalo en el mejor momento.

No podía sospechar por aquel entonces que el viaje a Tierra Santa iba a cambiar mi vida. Aunque todavía acabo de regresar, siento que soy una persona diferente a la que partió, y que una parte de mí se ha quedado allí. 


Debo decir que Tierra Santa no me impresionó desde el punto de vista artístico y arquitectónico -aunque hay cosas muy hermosas-, pero me tocó el alma y dejó honda huella en mi interior. 

Hemos visitado Jerusalén, Belén, Nazareth, Cafarnaún, Galilea… No sabría destacar ni un momento ni un lugar, porque todos ellos han sido únicos y especiales, casi diría que mágicos: la visita al Santo Sepulcro, la hora santa en Getsemaní, la celebración de la “Navidad” en Belén, el “Bautismo” en el río Jordán, el paseo en barco por el lago de Galilea… 

Sin temor a equivocarme, puedo decir que ha sido la mejor semana de mi vida: tan cerca de Jesús, aprendiendo, creciendo en la fe y rodeada de gente maravillosa. En todos ellos he encontrado una segunda familia, un espacio donde me he sentido acogida y querida siendo yo misma, sin miedos ni temores.

Llegué a Tierra Santa después de un inicio de año repleto de altibajos, y muchas dudas en mi mente y en mi corazón. La experiencia de recorrer los mismos lugares que Jesús recorrió en su día y de seguir sus huellas ha despejado mi mente y liberado mi corazón. 

Es, sin lugar a dudas, el mejor regalo de cumpleaños que nadie podía hacerme -tuve el privilegio de celebrar mi 33 aniversario en Tierra Santa, concretamente, en el río Jordán (¿casualidad o “causalidad”?)-. 

En definitiva, sólo me queda dar GRACIAS a DIOS por tan maravillosa semana. Quisiera agradecer también a todas aquellas personas que han hecho posible que mi sueño se haya hecho realidad. Paz y bien, hermanos.

Paula




























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