22.6.18

II Testimonio Una luz en la noche - Pontevedra




La tarde del 16 de junio salí del autobús con una sensación muy extraña en mí. No eran nervios, ni miedo, tampoco se trataba de alegría o unas ganas locas por lo que iba a hacer. A medida que caminaba hacia el lugar donde se nos había citado a los centinelas, no dejaba de preguntarme por qué narices me había empeñado en ir, pues sabía que, a pesar de primeramente verme motivada a llevar a otros a quien realmente es el único sentido de mi día a día (es decir, Jesús), físicamente no podía hacerlo, debido a la afonía que arrastraba de días anteriores. Sentía cierta impotencia, pues sabía que aquella labor ya no sería la misma, pero decidí dejarme sorprender por Dios, y tener esto claro fue lo que me hizo no dar marcha atrás. 

Después de la merienda tuvimos una primera oración juntos, en la que sentí muy cerca al Espíritu Santo, dispuesto a hacer cambiar en mí aquello que yo no podía y mostrándome que es en la debilidad (la de la "enfermedad" más concretamente) dónde Él me hace fuerte.

La formación, los talleres y la cena no se pasaron rápidos, pero mi mente iba muy adelantada, y no dejaba de pensar en cómo nos sorprendería Dios esa noche, en cómo responderían los llamados por Jesús y cómo respondería yo a lo que Él me tuviese preparado en aquella noche, casi de verano, con las calles de Pontevedra repletas de gente. 




Antes de comenzar todo aquello hicimos también una oración, de la que tengo que decir que me encantó el poder orar unidos unos por los otros, para que Dios actuase en nosotros, que fortaleciese a todos en nuestras debilidades, miedos e inseguridades, pues todos las tenemos. Cuando repartieron los ministerios no me extrañó que me tocase intercesión, pues era lo más humanamente normal, pero sí me sorprendió cómo avanzó la noche y la respuesta de cada uno: nunca había visto tanta gente entrar en la Iglesia y responder a una "simple" invitación de aquella manera!!

Mi oración continua de esas horas eran dos palabras: Gracias Jesús. A pesar de no comprender muchas otras cosas me sentía muy agradecida de poder haber visto esos primeros frutos y de poder haber dedicado mi tiempo a Jesús. Después de eso, todo fue muy rápido y sin más pensarlo ya me encontraba en mi cama meditando todo aquello. Y es que tengo que decir que lo que me ha enseñado el pasado sábado "Una Luz en la Noche" es que no importa cómo vayas sino como vuelves, y sobre todo, no importa cómo te sientas tú sino todo lo que puedes hacer sentir cuando te dejas sorprender por Dios.



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