19.2.18

Testimonio Fátima 2018: "te está esperando con tus defectos y tus virtudes"


Hola me llamo Cristian y voy a contar mi testimonio. 

En teoría es un testimonio más, de alguien más en el mundo, ya que no soy único, ni especial, ni famoso pero quisiera colaborar ofreciendo este testimonio a la Virgen María y pues ahí va.

Tras una vida intensamente movidita estos últimos cinco años, hace tres, me dieron la oportunidad de ir a Fátima. Yo iba por ir, porque ni tenia ganas ni nada."Gracias a" la vergüenza y la timidez, tras un largo camino en el minicoche del Párroco de mi pueblo (al que le debo tantas cosas, te doy millones de gracias, no sé cómo agradecérselo).  Llegamos a Fátima. Yo llegué nervioso a más no poder y tras el primer contacto se producían más nervios. Nervios que al llegar a ver a la Virgen, después de atravesar el diluvio universal se te olvidan y pasan a transformarse en alegría y felicidad al llegar a los pies de tu Madre que te está esperando con tus defectos y tus virtudes. 

Llegó el año siguiente y otra vez estaba ahí: el mismo lugar, personas nuevas a mi alrededor, pero el mismo sentimiento de acogida y de abrazo que cargan de energía todo el año. Tengo que decir que esta relación con la Virgen se va desgastando si no la cuidas. 

Y por fín llegó este tercer año, tan esperado en el que tantas ganas tenía de verla a Ella otra vez. Quería decirle que la amo después de haberme retomado por el buen camino, después de pasar por grandes baches y altibajos en la vida. Pero esta vez quería sentirla de un modo diferente. Quería tenerla presente desde la vida de la Consagración. Sí, estaba claro que quería consagrar mi vida a ella. Quería consagrarme y dejarme llevar de su mano por su camino y su voluntad. Poco a poco me doy cuenta de cuánta importancia tiene este acto hacia ella. 

Desde entonces me siento capaz de todo, me siento con ganas de cambiar y comerme el mundo, que veo desde otra perspectiva. Una perspectiva enfocada en el camino de la Virgen y del Señor, ahora miro desde el cielo la tierra y siento que esas nubes que me tapaban los ojos han desaparecido completamente. Siento que mi vida es un camino, una peregrinación constante desde Leiria hasta Fátima pasando por la casa, el instituto, la Iglesia, la familia, las amistades, el amor y el desengaño e incluso las fiestas y el estudio. Un camino empedrado, un camino difícil, pero que al final siempre encuentras una luz que da fuerza y te recarga las pilas para afrontar esas piedras que te entorpecen. 

Esa luz es tu Madre y las personas que se dirigen hacia la misma luz que tu y te hacen darte cuenta de que eres un granito de arena en una creación inmensa. Pero basta con ser un granito de arena para darte cuenta de la fe y el del camino que hay que seguir. 

La verdad es que ese camino no sería el mismo sin los peregrinos que están a tu lado, cada día que te "roban" un cachito de tu corazón y que a partir de ese primer vergonzoso día, empiezan a formar parte de tu vida. Que al llegar al cuarto hacen que hasta los de orden te caigan bien.

Por eso quiero dar las gracias a la Virgen, por cada uno de los jóvenes, diáconos, sacerdotes, monitores, responsables y limpieza que agrupan el nombre de Peregrinos. Ellos siguen el camino de Dios hacia la Virgen de Fátima acompañados todo el camino por su presencia. 

Peregrinos que han ido y por los que irán. Que ojalá todo el mundo descubra lo que es estar delante de María sintiendo que puedes confiar en ella, abandonando toda tu vida a su voluntad. 




 En conclusión, Ella es tu Madre, quiérela toda tu vida. ¡Viva Fátima y Viva la Virgen!

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