8.6.17

Testimonio VIII Lourdes: Dando Tumbos

Las funciones matemáticas tienen la propiedad de asignar a cada valor un determinado suceso.

Durante muchos años pensé que la vida debería ser siempre así.Un fin claro,independiente de todos los caminos.Algo que de antemano o que a base de jugar con la experiencia pudiese llegar a conocer.Evitando así todos los sufrimientos que como seres humanos siempre debemos pasar antes de llegar a rozar lo que es la felicidad.

Sin embargo ahora,tras gratas experiencias que me han acercado cada vez más al camino que mi familia siempre siguió,el de la fe,pero que yo por inmadurez y rebeldía hubo épocas que ignoré;puedo admitir que mis exigencias de mentalidad excesivamente fría no estuvieron nunca justificadas.


Quizás fue la situación previa de lo que iba a ser la peregrinación a Lourdes,o simplemente la mano divina, pero hasta el momento, de todas las peregrinaciones que he vivido, esta ha sido la más intensa.

Yo quería olvidarme de mí misma.Dejar a un lado mis preocupaciones sentimentales, emocionales… que al final no valen nada.Y sentirme útil en otro ámbito.

Y vaya que lo conseguí,aunque me haya dado cuenta ahora,en uno de esos momentos reflexivos que no siempre disfruto.La mirada de la Virgen ,haciendo gala de su inmensa capacidad para ayudarnos a todos,también se posó sobre mí.


Desde la primera visita a la Gruta no hice más que agradecer,no sentía necesidad de nada.Y yo muchas veces he tenido la costumbre de solo acudir a ella,a Nuestra Madre para pedir y plantear preguntas.Que al no mostrarme respuestas rápidas, me frustraban aún más.

Ahora,ya no.Ver a personas que disfrutaban de una simple sonrisa.Que agradecían con cariño un “Buenos días” me dejó con el corazón al descubierto y la cabeza dando tumbos.A mí siempre me gustó ayudar a los demás,por los valores cristianos que en mi casa me inculcaron, pero con frecuencia me volvía fría y distante ante muestras de cariño,por el temor a salir herida.


Pero en este momento veo que esa armadura de hielo va desapareciendo,que se derrite por el calor de la fe.Y que me empieza a liberar para permitirme disfrutar de la alegría de la vida.Y de los múltiples senderos que la Virgen decide que se crucen con el mío.

En Lourdes ERES y ESTÁS para los demás.Ayudar a los enfermos,ver cantar a los voluntarios,escuchar pacientemente lo que cada uno te quiera contar...y sobretodo aprender de todos y cada uno de ellos.

Sonreír,durmiendo cuatro horas.Tener ganas de llorar,por todas las bendiciones que se te dan sin merecer...


A mí solo me queda volver a agradecer a Nuestra Señora de Lourdes...y si acaso pedirle que me permita volver a visitarla pronto.Para que observe objetivamente,con ojo crítico de madre, si sus cuidados están obrando en mi ser, algún ansiado cambio de los que yo ya siento.



Marina Isabel





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