22.4.17

Camino de Santiago 2017:Caminante no hay Camino el Camino se hace al Andar

Pasan los días, pasan las horas, y al camino me animo. Pasan las semanas y con “Una luz en la Noche” lo Inicio. Domingo 9 de Abril, llegada a Tui, nos presentamos y me asignan funciones dentro del equipo de responsables. Día tras día tuve que acostarme de los últimos y levantarme de los primeros. Lunes 10 de Abril, etapa Tui-Porriño, tuve el primer gran regalo del camino. Hablar con una Servidora del Evangelio que terminaría por darme su testimonio de vida y con la que yo haría lo propio. Curiosamente, esa tarde nos daría una charla sobre Abraham, el Patriarca de la Iglesia. Charla que se podría relacionar con mi oración, puesto que en los primeros que pensé al iniciar mi camino fueron en mis padres. Martes 11 de Abril, etapa Porriño-Redondela, meditamos y reflexionamos sobre la liberación de todo lo que nos encadena. Miércoles 12 de Abril, etapa Porriño-Pontevedra, celebraríamos la Fiesta del Perdón. Jueves 13 de Abril, etapa Porriño- Caldas de Reis, punto de inflexión e inicio del Triduo Pascual.


Todas y cada una de las etapas del Triduo Pascual las iniciaríamos con una hora de camino en silencio. Silencio meditativo en actitud orante. Uno de los peregrinos tenía los pies destrozados. Me quedé rezagado con él mucho más atrás de la cola del pelotón. Terminaría saliéndome del camino para buscar un punto de recogida en la carretera general para que pudiesen llevarse al peregrino. Cuando llegó la furgoneta, yo quería recuperar al pelotón, que me llevaba en torno a una hora de distancia andando. Pero me insistieron en acercarme un poco. Nada más subir, expliqué que me parecía una oportunidad para hacer un tramo del camino completamente solo meditando. Al oír el motivo por el cual quería seguir andando, me acercaron al punto de acceso al camino más cercano y me dejaron continuar andando. Este momento terminaría resultando la causa que justifica mi camino. Dispuse de horas de silencio y meditación para mí y para Jesús. Horas en las que terminaría meditando todos y cada uno de los Misterios Dolorosos del Santísimo Rosario. Iniciaría imaginándome que podría pasarse por la cabeza de Jesús en la oración del huerto, dejaría atrás lo que implica detalles menores de mi vida, y pensé en el valor de las palabras “Hágase Tu Voluntad” referidas al Padre. A continuación seguiría la Flagelación de Jesús, con un látigo con salientes de huesos en su extremo. Látigo que desgarra la piel y la carne dejando el cuerpo ensangrentado. Latigazos tras los cuales seguirían la Coronación de Espinas. Dispuesta sobre la cabeza de Jesús, y clavada con saña en actitud burlesca. Coronación tras la cual seguiría la carga de una Cruz con la que tendría que subir el Monte calvario, sudoroso a pleno sol, sediento y sangriento. Con observadores a ambos lados que se mofarían de Él, pero también rodeado de personas puntuales y seguidores que sentirían compasión. Por último, tenemos su enclavado en la cruz, manos y pies atravesados y sangrantes para su alzamiento hasta su muerte. Por primera vez en mi vida, me di cuenta de que todo esto no fue un suceso histórico sin más, sino que cada vez que peco, SOY YO el que: flagela, corona con espinas, hace cargar una cruz subiendo un monte y MATA A JESÚS clavándolo sobre una cruz. Cada vez que meditaba todos y cada uno de los misterios no pude evitar que se me derramase alguna que otra lágrima. Y se introdujo en mí un deseo que se empezó a desarrollar durante “Una Luz en la Noche”. Deseo que no es otro que por un instante, no sea siempre Jesús el que tenga que cargar con nuestros pecados, con todas nuestras debilidades, con todos nuestros miedos, con todas nuestras ataduras. Que no sea Él el que nos tenga que consolar, sino que seamos todos y cada uno de nosotros los que busquemos consolarle a Él.


En la Noche del Jueves Santo, tendríamos una Hora Santa de Oración. Para mi sorpresa, la persona que la dirigió, y con la que no había hablado previamente sobre la misma, nos orientó a pensar todos y cada uno de los detalles que había meditado por la mañana. Sin duda mi Mañana del Jueves Santo fue un momento Providencial que se confirmaría con la Hora santa de la Noche.

Viernes 14 de Abril, etapa Caldas de Reis-Padrón. Durante la misma, tuve la oportunidad de escuchar a una persona que me escogió para dar testimonio de su vida. Y desde mi experiencia, intente seleccionar aquello que había vivido y que podría ayudarle. Sin duda sentí que serví como instrumento de Dios. Por la tarde asistiríamos a oficios, por primera vez vería como desclavan y bajan de la cruz a Jesús. Por la noche realizaríamos el Vía Crucis, en el cual me terminaría tocando preparar la estación número 13, estación en la que realizaríamos la siguiente reflexión: “Cuando alguien es un habitual en nuestra vida, uno puede pensar que no tiene responsabilidad para con Él. Sentir indiferencia, o incluso llegar a burlarse, echando suciedad sobre su cuerpo, haciéndoles sangrar. Pero cuando ya no están esas personas, terminamos sintiendo un vacío en nuestro interior, y nos arrepentimos de no haberlo dado todo por amar a alguien cuando tuvimos la oportunidad. A veces en nuestra vida no nos damos cuenta del valor de las personas que nos rodean, del bien al que nos pueden llevar. Por desgracia, solo echamos de menos sus cualidades una vez perdida la persona, y no vemos lo que estamos despreciando hasta el momento en que no podemos recuperarla.”


Sábado 15 de Abril, llegada a Santiago de Compostela. Tuve la oportunidad de compartir testimonio con otra persona con la que hablé largo y tendido, de ahora en adelante seremos hermanos por siempre. Al llegar estallamos de gozo y Júbilo, y por la noche celebramos la Vigilia Pascual. Vigilia llena de Cantos en la que Incluso llegamos a Bailar, el broche de oro de una etapa que se inició en Fátima previamente al inicio de la Cuaresma, y concluye con la Muerte y Resurrección de Nuestro Señor, con el triunfo del Bien sobre el Mal.


Xaverium Bernal Pampín












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