16.2.17

Carta Pastoral en la Campaña de “Manos Unidas”


“Necesitamos gente comprometida”

Queridos diocesanos:

Este año la campaña de Manos Unidas se nos presenta con el lema: “El mundo no necesita más comida. Necesita gente comprometida”. Es una llamada elocuente a asumir nuestra responsabilidad ante 800 millones de personas que siguen pasando hambre en el mundo. Causa extrañeza que tengamos que defender el derecho a la alimentación y a unas relaciones de producción y consumo justas. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. “Sabemos que es insostenible el comportamiento de aquellos que consumen y destruyen más y más, mientras otros no pueden vivir de acuerdo con su dignidad humana”[1]. Es lamentable constatar que una tercera parte de los alimentos acaba en los desperdicios. Concretamente en España cada consumidor tira cada año sesenta kg. de comida a la basura. El papa Francisco advierte que “el desperdicio de alimentos no es sino uno de los frutos de la cultura del descarte que a menudo lleva a sacrificar a hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo”.

Esta Jornada ha de ser una oportunidad para apremiarnos a nosotros mismos y a las instituciones a actuar según la cultura del encuentro y de la solidaridad. La defensa de los derechos humanos y nuestra propia fe cristiana nos urgen a trabajar por un bien común que lo será cuando todos colaboren en él y todos puedan participan en él. “Hoy, creyentes y no creyentes estamos de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común cuyos frutos deben beneficiar a todos. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos. Por consiguiente, todo planteamiento ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados”[2]. Falta un sistema de instituciones económicas capaces de asegurar el acceso a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, y de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional. Manos Unidas nos urge a un compromiso con un consumo y producción sostenibles en torno a la agricultura familiar.

“El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones. Es importante destacar, además, que la vía solidaria hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución de la crisis global actual, como lo han intuido en los últimos tiempos hombres políticos y responsables de instituciones internacionales”[3].

Abramos la ventana de nuestro corazón para ver a quien pasa hambre y escuchar su lamento. Esto nos ayudará a transformar nuestra sociedad. Acerquémonos a los excluidos para que nos enseñen a ser solidarios. Seamos conscientes de que podemos mejorar nuestro propio entorno cambiando hábitos y costumbres que pueden herir a los demás tal vez sin darnos cuenta. Démonos cuenta de que no es tanto lo que necesitamos para poder vivir dignamente y que hay muchas personas que no cuentan con eso poco que les puede hacer felices. Antes de tirar alimentos a la basura, seamos conscientes de que lo que tiramos es algo imprescindible para otras personas. “Tanto lo que consumimos como lo que desperdiciamos tiene un precio que va más allá del monetario”, porque “los alimentos no son una mercancía más sino un elemento indispensable para la vida”.

El punto central siempre es el mismo: entender los valores fundamentales de la persona humana, la convivencia, el respeto de su dignidad y el derecho a la nutrición como parte integrante del derecho a la vida de cada ser humano. Todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí. ¡Hagamos una opción por los pobres! Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.



[1] FRANCISCO, Laudato Si, 193.

[2] Ibid., 93.

[3] BENEDICTO XVI, Caritas in veritate, 27.

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