29 oct. 2016

5N Talleres: Rezar por vivos y difuntos


















La Orden del Carmen.
La Orden de los Carmelitas Descalzos, o Carmelo Teresiano, traemos el nombre y el primer origen del Monte Carmelo en Palestina, donde al principio del siglo XIII un grupo de ermitaños, decididos a vivir en servicio de Jesucristo en su propia Tierra, recibieron una fórmula de vida o regla del Patriarca de Jerusalén San Alberto. Emigrados en el mismo siglo a Europa ante el temor de invasiones y persecuciones, entraron en el nuevo movimiento de la vida religiosa de los Mendicantes, forma que auna vida contemplativa y activa y es más cercana al pueblo, en la que los carmelitas fueron aprobados definitivamente por la autoridad suprema de la Iglesia. En el siglo XV se inicia también la rama carmelitana contemplativa de las carmelitas, y se formaron los primeros grupos de laicos que deseaban participar de la espiritualidad carmelitana.

TERESA DE JESÚS. Madre Fundadora.
El origen de la familia teresiana en el Carmelo y el sentido de su vocación en la Iglesia están estrechamente vinculados al proceso de la vida espiritual y al carisma de santa Teresa; sobre todo a las gracias místicas que la impulsaron en el siglo XVI a renovar el Carmelo, orientándolo por completo a la oración y a la contemplación, viviendo los consejos evangélicos en una pequeña comunidad fraterna, fundada en soledad, oración y pobreza.

Al realizar Teresa de Jesús su proyecto, la Providencia le dio a San Juan de la Cruz por compañero, comunicándole el mismo espí­ritu. El Santo, a su vez, reconoció en ella a la Madre del Carmelo renovado. Ambos echaron en cierto modo los cimientos de la Orden con su doctrina y experiencia.



El Carmelo Teresiano
Las Carmelitas Descalzas formamos parte de esta familia religiosa, enriquecida con un carisma propio, para desempeñar una misión peculiar en el Cuerpo místico de Cristo.

Esta familia, expresión renovada del Carmelo, hermana la fidelidad al espí­ritu y a las antiguas tradiciones de la Orden con un afan de continua renovación, siguiendo la consigna de la santa Madre Teresa de Jesús: "Ahora comenzamos, y procuren ir comenzando siempre de bien en mejor".


Por exigencia del carisma teresiano, la oración, la consagración y todas las energí­as de una Carmelita Descalza han de estar orientadas y fundadas al servicio de la gran misión apostólica de la Iglesia.
El Carmelo hoy

Los carmelitas de santa Teresa queremos ser pequeñas comunidades orantes y fraternas al servicio del Reino. En medio de la secularización, del alejamiento de Dios, del consumismo y materialismo, de la búsqueda del significado y esperanza (a veces no confesada), queremos ser personas y comunidades que viven en la presencia gozosa del Padre, de Jesús, en el Espíritu de hijos.

Queremos ser capaces de descubrir a Dios presente y cercano en las personas, en los acontecimientos, en lo positivo y en lo negativo de la historia. Un Dios que nos cuestiona e interpela.

Esta contemplación comprometida podrá revelar el rostro del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo a las personas que lo buscan a tientas...

www.carmelitasdescalzas.net





Madre María Antonia de Jesús Pereira y Andrade, carmelita ...

mariaantoniadejesus.blogspot.com.es

Nosotras, las Carmelitas Descalzas…
Somos en la Iglesia continuadoras y recreadoras del carisma que Dios confió a Santa Teresa de Jesús, a quien tenemos por fundadora, madre y maestra espiritual. Nuestra familia religiosa nació de su amor apasionado a Cristo, el cual le llevó a desear ardientemente “hacer algo para ayudar a este Señor mío”. Movida por este anhelo y enriquecida por una intensa vida espiritual, decidió renovar el Carmelo. Para lo cual funda (Avila, 1562) una comunidad de hermanas a semejanza del pequeño “colegio de Cristo”.

Mujer de sensibilidad exquisita, revive en sí misma la vida de la Iglesia de su tiempo: sus dolores, el desgarro de la unidad y las profanaciones de la Eucaristía y el sacerdocio; también el nuevo mundo sin evangelizar. Descubre entonces el valor eclesial y apostólico que ha de tener su vida y la de sus hijas. Porque si la oración, la vida y el trabajo no se consagran al servicio eclesial “pensad que no hacéis ni cumplís el fin para que aquí os juntó el Señor”.

Así nacían nuestras comunidades, hoy extendidas por los cinco continentes, como comunidades orantes al servicio de la Iglesia. Más tarde (año 1568), preocupada por la atención espiritual de sus hijas y por el apostolado directo, que a ella por su condición de mujer se le negaba, intuye la necesidad de extender este estilo de vida a la rama masculina del Carmelo. Para ello el Señor le concedió encontrar bien dispuesto un joven carmelita, Juan de la Cruz, que supo reconocer en ella a la Madre del Carmelo renovado; y asociado a su obra, comenzaron juntos una nueva andadura que, en breve llegaría a configurarse como familia autónoma: el Carmelo Descalzo, el Carmelo Teresiano–Sanjuanista. Un hombre y una mujer de temperamentos muy distintos, pero empapados del mismo amor de Dios, que nos han dejado un patrimonio humano – espiritual de riqueza y belleza extraordinarias.

Como buenas discípulas de ambos, algunas hermanas nuestras alcanzaron plenitud en la vida espiritual y hoy brillan en la Iglesia proponiéndonos un ejemplo en el seguimiento de Cristo. Entre ellas, las santas Teresa del Niño Jesús, Teresa de los Andes y Edith Stein; y la Beata Sor Isabel de la Trinidad.

La vida en nuestros Carmelos femeninos se desarrolla en el ámbito de la clausura, conjugando armónicamente la vida comunitaria con el retiro en soledad.

La jornada la vertebra la Liturgia: Eucaristía y Oficio Divino.

Asumimos además como vocación propia un intenso cultivo de la oración mental, a la cual dedicamos, al menos, dos horas diarias y la meditación en la Palabra del Señor. Para alimentar la oración y meditación destinamos diariamente un espacio relevante a la lectura espiritual con libros de sólida doctrina, porque “es en parte tan necesario este mantenimiento para el alma como el comer para el cuerpo”.

Procuramos llevar una vida de sobriedad y sencillez, trabajando para ganar nuestro sustento y ayudar a las necesidades de la Iglesia y de los hombres.

Dos veces al día nos reunimos todas las hermanas para un encuentro distendido y alegre. Es lo que llamamos la recreación; donde cada una tiene la posibilidad de aportar espontáneamente aquello que considere más oportuno para construir un ambiente de amistad y familia.

La vida de la carmelita quedaría bien expresada en clave de amistad: amistad con Dios (oración) y amistad entre las hermanas (fraternidad). Este camino, recorrido con María, Reina y Hermosura del Carmelo, Madre y Hermana.

Quien quiera pues, agregarse a nuestra fraternidad, lo importante es que busque sinceramente ser amiga de Cristo y esté determinada a no quedar en la mediocridad.

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