17.2.14

Testimonios Una Luz en la Noche (5)

El ministerio de la calle… ¡Qué complicado! (pensé). Esta experiencia ya la había hecho en Ponferrada, pero en Pontevedra, una vez más, me volvieron a asaltar las mismas dudas que la vez anterior: ¿Seré capaz? ¿Me harán caso?...
Cuando llegó el momento, al principio me costó decidirme y empezar a invitar, pero poco a poco el miedo y las dudas fueron desapareciendo. Las personas que invitábamos nos escuchaban. Algunas nos preguntaban “¿Pero es en serio?”, otras no decían nada, pero su cara de sorpresa ya lo decía todo. Todas las personas se despidieron de nosotros con una sonrisa y la mayoría, nos dieron las gracias por la invitación.
Esto en una noche en la que estaba activada una alerta por temporal, pero sorprendentemente… ¡No hacía mucho frío y no tuvimos que usar el paraguas!
Después de esta fantástica experiencia, me gustaría darle las gracias a todas y cada una de las personas que hicieron posible esta Luz En La Noche, pero sobre todo le doy gracias a Dios por todas las personas que nos encontramos por la calle, y por haber sido su instrumento durante esa noche, porque comprobé en primera persona que no éramos nosotros los que invitábamos, sino Él a través de nosotros.
Rafa Barros


¿Mi plan del pasado sábado a la noche? Pues no, no fue un cine, ni una fiesta, ni estudiar, fue mucho más que todo eso.  Este sábado he vivido una nueva experiencia en Pontevedra. Después de asistir, días atrás, al curso base de centinelas, este sábado pusimos en práctica nuestros conocimientos y… comenzamos a evangelizar. 
Antes de empezar la noche tenía mucho miedo, pues no sabía que me podía encontrar al ser mi primera experiencia.   Mi mayor temor era tener que salir a la calle, no es fácil explicarle a una persona que no cree, que Dios lo ama” pensaba yo. ¿Cuál será su respuesta? ¿Habrá malas contestaciones? ¿Aceptarán nuestra invitación? Todo esto me bombardeaba la cabeza y deseaba no tener que salir a la calle. 
Más tarde vi que no tenía que preocuparme por eso, simplemente debía pedirle a Dios que me diera la sabiduría necesaria para cumplir mi misión, fuese cual fuese. Pues la misión que Él me iba a imponer es justo la correcta. ¿Quién lo sabe mejor que Él?
Participé esa noche en el ministerio de acogida. Y por fin, me atreví a acercarme a un joven. Al principio pensaba que iba a olvidarme de hacer algo pero la oración con la que sabía que contaba, me daba la fuerza. 
Uno de los momentos más especiales, fue el momento en el que arrodillada junto al joven ante Cristo Vivo, los presenté. Allí pude decirle que estaba no ante un trozo de pan sino ante Cristo Vivo. Fue precioso sentirme una intermediaria entre Jesús y ese joven. Sentía que podía ayudar a un joven, que sale el sábado para “ser feliz”, a encontrar la felicidad verdadera, a Dios, ese mismo sábado, en un lugar cercano en el que él creía, pero en un ambiente totalmente diferente.
Desde luego, fue una experiencia increíble para fortalecer mi fe. Quiero poder repetirla, ya que, me ayuda a mí y espero que ayude a otros. Os invito a todos quienes leáis esto a participar en la siguiente “luz en la noche”, sin miedo a lo que podáis encontrar pues todo es grato,  no temáis pues Él está con vosotros.
Marta Fernández

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