9.4.13

Testimonio Camino de Santiago II


“Oh, querida Semana Santa, que por fin llegas y por fin podré dormir, descansar y no pensar en nada más que estar con mis amigos y ya.” Algo así pasaba por las cabezas de todo el mundo los últimos días antes de que llegase la esperada semana, y no me excluyo de esto. Había estado en Fátima en carnavales, y me había perdido las vacaciones entonces, así que me dije a mí misma que en Semana Santa me quedaba en casa, porque lo “necesitaba”, “necesitaba” descansar.

Que tonta de mí, lo que necesitaba de verdad era hacer el camino, ¡y menos mal que lo hice! Tras varias menciones y cortas conversaciones sobre el camino con algún amigo y con mi hermana, (esos amigos de que Dios pone en tu camino para que te animen y te ayuden) decidí apuntarme, a ver qué pasaba. Probar una nueva experiencia y ver mi ciudad con unos ojos distintos, unos ojos de peregrina cuando llegásemos el último día (“si es que llego! Pensaba yo). He de decir que lo preparé todo con muchas prisas, ni sabía lo que metía en mi mochila y ni me había parado a pensar en lo que iba a hacer, simplemente me lancé a ver qué pasaba. Y sí, algo pasó, algo grande. Lo que había descubierto en mi anterior peregrinación a Fátima, lo volví a descubrir, y esta vez con más fuerza, haciendo el camino, y eso era a Dios. A Dios y a su amor.

Claramente el tener a un grupo de gente tan maravillosa ayudó muchísimo, a mí personalmente me encantó conocer a gente nueva, y a los que ya conocía conocerlos más a fondo, conocer sus historias, pero lo que más me gustó fue tener a un grupo de personas con el que compartir mi fe, un grupo de personas que sé que me aportaron algo y que sé que yo les aporté algo a ellos y saber que ese grupo de personas iba a seguir conmigo cuando el camino acabase. Por que si, el camino terminó, pero uno nuevo empezó, o quizás la semana que estuvimos de peregrinos solo fue una pequeña pausa en nuestro camino, no sé, solo sé que sigue.

Hoy en día es muy difícil que alguien, más aún un joven, hable de Dios abiertamente, pero a mí me ha servido para ver que no tiene por qué ser así. Yo miraba a mi alrededor y veía a dos personas rezando juntas, o hablando de Dios, hablando del amor o hablando de algo que no entendían de la Biblia, no sé, cualquier cosa. Y la verdad, es que eso me fascinaba, cómo admiraba, y sigo admirando a esas personas. “¿Por qué no puede ser así en mi ciudad?” me pregunté, pero llegué a la conclusión de ¿y por qué no probar?

Gracias al camino, llegué de vuelta a casa, y el primer día de clase, les hablé a dos amigas, y les dije “me vais a tomar por loca, lo sé, pero sientes que nadie te quiere, pues que sepas que Dios te ama, y te tiene muy presente, aunque tu a Él no”, y lo más sorprendente de todo, es que una de ellas se echó a llorar, sabiendo que tenía razón.

También fue una semana de desconectar, de pararme a pensar un poco las cosas, y como no, de aprender y crecer tanto en la fe como en todo lo demás, pero bueno, aún así nunca se deja de aprender.

Hay que admitir que no fue un camino de rosas; tuvimos lluvia y más lluvia, lo cuál se mezclaba con la tierra y creaba barro, dando lugar a malos olores, botas manchadas y un enorme deseo de llegar a la ducha de primeros, pero eso, contraponiéndolo con todas las sonrisas, oraciones que, a mí por lo menos, me hacían llorar (¡de alegría!) y sentir a Dios tan presente, ¡no era nada!

A cualquiera que no ha hecho el camino, claramente se lo recomiendo. Si no conoces a Dios, le vas a encontrar ahí y vas a tener la certeza de que va a seguir siempre a tu lado, si estás en un momento de crisis por lo que sea, vas a verlo como una forma de desconectar, y te llevarás la sorpresa de que sí, será para desconectar, pero para conectar con algo mucho mejor, y si simplemente eres feliz, ten por seguro que ese grado de felicidad aumentará.

Mónica Rollings Sánchez

3 comentarios:

Marisol dijo...

Muchas gracias por compartir semejantes vivencias!!!! Un fuerte abrazo!!!!

Anónimo dijo...

Unha testemuña preciosa!! Gracias Mónica por compartila con todos nós

Con lo que soy dijo...

Que bunitoooooo, via llorar, jajajaj no que esto no tiene boton de lágrimas. jajajmil gracias por compartir tu testimonio!!! muy bonito y esperanzador jajajaaj
Como tu bien has dicho el camino de santiago no termina en Santiago, si no que contiúa en la casa de cada cual jajjaj ANIMOOOOOOO a los que hicieron el camino contigo jajajajajy a i mucha fuerza y a seguir!!!!!