SÍNODO DE JÓVENES

Don Julián ha convocado un Sínodo de los Jóvenes para nuestra Diócesis Compostelana

TIENDA DEL ENCUENTRO EN SANTIAGO

Oración Universitaria todos los miércoles a las 20.30h

ALPHA UNIVERSITARIOS

Comienza de Nuevo en Santiago de Compostela

ABIERTA INSCRIPCIÓN

Nos espera un verano mágico en el Campamento Diocesano

PASCUA XOVEN

Resetea el 24, 25 y 26 de abril

27 mar. 2020

Cuaresmentena #13: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»


«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). Jesús le respondió: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). 

¿Qué tal estás hoy? Iba a mencionar el día de cuarentena que era, pero la verdad ni si quiera sé exactamente cuál es. 

Estaba leyendo un artículo que habla sobre Santo Tomás Apóstol y cómo se le recuerda especialmente por su momento de duda al no creer que había resucitado Jesús, pero sin embargo no se le recuerda por la fe que si tuvo. 

La fe para mí siempre ha sido una lucha interna porque siempre busco como Santo Tomás algo tangible. En este tiempo de cuaresma, siempre se nos invita a buscar, buscar y buscar a Jesús, vivir de forma más íntima con Él, hacer sacrificios que no entiendo bien el porqué. Pero nunca he vivido una cuaresma como esta, nunca me plantee vivirla como Jesús en el desierto, y ahora, recluido me surgen todas las tentaciones, la lucha interna, no enfadarme, preguntarme el sentido de todo esto y mi fe se pone en duda. Me surgen dilemas como el que podría tener Tomas que puede ser líder y atreverse a hacer preguntas que otros no eran capaces como en (Jn 14,5) «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» o a querer acompañar a Jesús aún a riesgo de que los matasen, cómo cuando Jesús quiso ir a ver a su amigo Lázaro que acababa de morir y los judíos andaban buscándolo para apedrearle «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos» (Jn 11, 8). Pero, Tomás dice a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él» (Jn 11, 16) y, sin embargo, después tener dudas y cuando había resucitado Jesús, Tomás dijo que necesitaba ver y tocar las heridas «Hemos visto al Señor» (Jn 20, 25), y él contesta: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25) 

Esta cuarentena nos ha cortado el ritmo del día a día, nos ha hecho perder el camino que llevábamos de forma automática y nos ha frenado, de forma que nos provoca el preguntar al Señor: Señor no sabemos a dónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino? O más bien preguntaría, Señor ahora mismo no sé a dónde voy ¿Cuál es el camino? Quiero aprovechar este tiempo para que me diga que quiere de esta situación, si quiere que cambie algo, a lo mejor todo se ha cortado por un motivo, a lo mejor tengo que revisarme a mí mismo o simplemente confirmar el camino hecho hasta ahora. 

Todavía nos quedan días para seguir preguntándole al Señor ¿Cuál es el camino? Yo aún no tengo respuesta a todas las preguntas que ahora tengo tiempo para hacerme, mi fe sigue de vez en cuando dudando, sin embargo, no quiero dejar de preguntarle al Señor, no quiero dejar de esperar una respuesta y de estar atento a lo que Él quiera y que sea mi Camino, Verdad y Vida. Mi invitación es a que aproveches este tiempo y te permitas hacerte preguntas concretas, que se las preguntes a Jesús en tu oración en este tiempo de cuarentena o de desierto, como quieras llamarlo. 

David Castaño 

Álvaro Fraile – Aunque me veas dudar:




Oramos con el Papa hoy a las 18.00h

Nuestro obispo, Monseñor Barrio, nos anima a todos a sumarnos a esta plegaria por la emergencia del coronavirus.

Medios de comunicación como TRECE, COPE, Mundovisión o Vatican News  transmitirán hoy, viernes día 27 de marzo, la oración y bendición del papa Francisco “Urbi et Orbi” por la emergencia del coronavirus. 
De acuerdo con lo establecido recientemente en el Decreto de la Penitenciaria Apostólica, quienes se unan espiritualmente a este momento a través de los medios de comunicación recibirán la indulgencia plenaria. El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, invita a todos los fieles a sumarse a esta plegaria convocada por el Sumo Pontífice.
El Nuncio de Su Santidad, monseñor Bernardito C. Auza, ha remitido una carta al presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), cardenal Juan José Omella, invitando a todos los obispos a difundir esta iniciativa de oración que el Papa Francisco realizará a partir de las 18:00 horas desde el lugar conocido como el “sagrato” de la Basílica de San Pedro. 
“Durante la “Statio orbis”, que será retransmitida a través de Mundovisión y de Vatican News, a las 18:00 hora local de Roma, el Santo Padre concederá a todos los participantes la Indulgencia Plenaria y será impartida la Bendición Urbi et Orbi”, señala el Nuncio en su carta. La agencia Vatican News indicá que “hay una gran expectativa mundial por la cita de oración universal que propuso el Papa personalmente durante el Ángelus del pasado domingo”.

El papa Francisco dijo que “escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos el Santísimo Sacramento, con el que al final daré la Bendición Urbi et Orbi, a la que se unirá la posibilidad de recibir la indulgencia plenaria.”
Recuperado de Archicompostela, aquí.

Mensaje del Santo Padre para la XXXV Jornada Mundial de la Juventud 2020



“¡Joven, a ti te digo, levántate!” (cf. Lc 7,14)

Queridos jóvenes:

En octubre de 2018, con el Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, la Iglesia comenzó un proceso de reflexión sobre vuestra condición en el mundo actual, sobre vuestra búsqueda de sentido y de un proyecto de vida, sobre vuestra relación con Dios. En enero de 2019, encontré a cientos de miles de coetáneos vuestros de todo el mundo, reunidos en Panamá para la Jornada Mundial de la Juventud. Eventos de este tipo —Sínodo y JMJ— expresan una dimensión esencial de la Iglesia: el “caminar juntos”.

En este camino, cada vez que alcanzamos un hito importante, Dios y la misma vida nos desafían a comenzar de nuevo. Vosotros los jóvenes sois expertos en esto. Os gusta viajar, confrontaros con lugares y rostros jamás vistos antes, vivir experiencias nuevas. Por eso, elegí como meta de vuestra próxima peregrinación intercontinental, en el 2022, la ciudad de Lisboa, capital de Portugal. Desde allí, en los siglos XV y XVI, numerosos jóvenes, muchos de ellos misioneros, partieron hacia tierras desconocidas, para compartir también su experiencia de Jesús con otros pueblos y naciones. El tema de la JMJ de Lisboa será: «María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39). En estos dos años precedentes, he pensado en que reflexionemos juntos sobre otros dos textos bíblicos: “¡Joven, a ti te digo, levántate!” (cf. Lc 7,14), en el 2020, y “¡Levántate! ¡Te hago testigo de las cosas que has visto!” (cf. Hch 26,16), en el 2021.

Como podéis comprobar, el verbo común en los tres temas es levantarse. Esta expresión asume también el significado de resurgir, despertarse a la vida. Es un verbo recurrente en la Exhortación Christus vivit (Vive Cristo), que os he dedicado después del Sínodo de 2018 y que, junto con el Documento final, la Iglesia os ofrece como un faro para iluminar los senderos de vuestra existencia. Espero de todo corazón que el camino que nos llevará a Lisboa concuerde en toda la Iglesia con un fuerte compromiso para aplicar estos dos documentos, orientando la misión de los animadores de la pastoral juvenil.

Pasemos ahora a nuestro tema para este año: ¡Joven, a ti te digo, levántate! (cf. Lc 7,14). Ya cité este versículo del Evangelio en la Christus vivit: «Si has perdido el vigor interior, los sueños, el entusiasmo, la esperanza y la generosidad, ante ti se presenta Jesús como se presentó ante el hijo muerto de la viuda, y con toda su potencia de Resucitado el Señor te exhorta: “Joven, a ti te digo, ¡levántate!” (cf. Lc 7,14)» (n. 20).

Este pasaje nos cuenta cómo Jesús, entrando en la ciudad de Naín, en Galilea, se encontró con un cortejo fúnebre que acompañaba a la sepultura a un joven, hijo único de una madre viuda. Jesús, impresionado por el dolor desgarrador de esa mujer, realizó el milagro de resucitar a su hijo. Pero el milagro llegó después de una secuencia de actitudes y gestos: «Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Y acercándose al féretro, lo tocó (los que lo llevaban se pararon)» (Lc 7,13-14). Detengámonos a meditar sobre alguno de estos gestos y palabras del Señor.

Ver el dolor y la muerte.

Jesús puso su mirada atenta, no distraída, en ese cortejo fúnebre. En medio de la multitud percibió el rostro de una mujer con un sufrimiento extremo. Su mirada provocó el encuentro, fuente de vida nueva. No hubo necesidad de muchas palabras.

Y mi mirada, ¿cómo es? ¿Miro con ojos atentos, o lo hago como cuando doy un vistazo rápido a las miles de fotos de mi celular o de los perfiles sociales? Cuántas veces hoy nos pasa que somos testigos oculares de muchos eventos, pero nunca los vivimos en directo. A veces, nuestra primera reacción es grabar la escena con el celular, quizás omitiendo mirar a los ojos a las personas involucradas.

A nuestro alrededor, pero a veces también en nuestro interior, encontramos realidades de muerte: física, espiritual, emotiva, social. ¿Nos damos cuenta o simplemente sufrimos las consecuencias de ello? ¿Hay algo que podamos hacer para volver a dar vida?

Pienso en tantas situaciones negativas vividas por vuestros coetáneos. Hay quien, por ejemplo, se juega todo en el hoy, poniendo en peligro su propia vida con experiencias extremas. Otros jóvenes, en cambio, están “muertos” porque han perdido la esperanza. Escuché decir a una joven: “Entre mis amigos veo que se ha perdido el empuje para arriesgar, el valor para levantarse”. Por desgracia, también entre los jóvenes se difunde la depresión, que en algunos casos puede llevar incluso a la tentación de quitarse la vida. Cuántas situaciones en las que reina la apatía, en las que caemos en el abismo de la angustia y del remordimiento. Cuántos jóvenes lloran sin que nadie escuche el grito de su alma. A su alrededor hay tantas veces miradas distraídas, indiferentes, de quien quizás disfruta su propia happy hour manteniéndose a distancia.

Hay quien sobrevive en la superficialidad, creyéndose vivo mientras por dentro está muerto (cf. Ap 3,1). Uno se puede encontrar con veinte años arrastrando su vida por el suelo, sin estar a la altura de la propia dignidad. Todo se reduce a un “dejar pasar la vida” buscando alguna gratificación: un poco de diversión, algunas migajas de atención y de afecto por parte de los demás… Hay también un difuso narcisismo digital, que influye tanto en los jóvenes como en los adultos. Muchos viven así. Algunos de ellos puede que hayan respirado a su alrededor el materialismo de quien sólo piensa en hacer dinero y alcanzar una posición, casi como si fuesen las únicas metas de la vida. Con el tiempo aparecerá inevitablemente un sordo malestar, una apatía, un aburrimiento de la vida cada vez más angustioso.

Las actitudes negativas también pueden ser provocadas por los fracasos personales, cuando algo que nos importaba, para lo que nos habíamos comprometido, no progresa o no alcanza los resultados esperados. Puede suceder en el ámbito escolar, con las aspiraciones deportivas, artísticas… El final de un “sueño” puede hacernos sentir muertos. Pero los fracasos forman parte de la vida de todo ser humano, y en ocasiones pueden revelarse también como una gracia. Muchas veces, lo que pensábamos que nos haría felices resulta ser una ilusión, un ídolo. Los ídolos pretenden todo de nosotros haciéndonos esclavos, pero no dan nada a cambio. Y al final se derrumban, dejando sólo polvo y humo. En este sentido los fracasos, si derriban a los ídolos, son una bendición, aunque nos hagan sufrir.

Podríamos seguir con otras condiciones de muerte física o moral en las que un joven se puede encontrar, como las dependencias, el crimen, la miseria, una enfermedad grave… Pero dejo para vuestra reflexión personal tomar conciencia de lo que ha causado “muerte” en vosotros o en alguien cercano, en el presente o en el pasado. Al mismo tiempo, recordemos que aquel muchacho del Evangelio, que estaba verdaderamente muerto, volvió a la vida porque fue mirado por Alguien que quería que viviera. Esto puede suceder incluso hoy y cada día.

Tener compasión

Con frecuencia, las Sagradas Escrituras expresan el estado de ánimo de quien se deja tocar “hasta las entrañas” por el dolor ajeno. La conmoción de Jesús lo hace partícipe de la realidad del otro. Toma sobre sí la miseria del otro. El dolor de esa madre se convierte en su dolor. La muerte de ese hijo se convierte en su muerte.

En muchas ocasiones los jóvenes demostráis que sabéis con-padecer. Es suficiente ver cuántos de vosotros se entregan con generosidad cuando las circunstancias lo exigen. No hay desastre, terremoto, aluvión que no vea ejércitos de jóvenes voluntarios disponibles para echar una mano. También la gran movilización de jóvenes que quieren defender la creación testimonia vuestra capacidad para oír el grito de la tierra.

Queridos jóvenes: No os dejéis robar esa sensibilidad. Que siempre podáis escuchar el gemido de quien sufre; dejaos conmover por aquellos que lloran y mueren en el mundo actual. «Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas» (Christus vivit, 76). Si sabéis llorar con quien llora, seréis verdaderamente felices. Muchos de vuestros coetáneos carecen de oportunidades, sufren violencia, persecución. Que sus heridas se conviertan en las vuestras, y seréis portadores de esperanza para este mundo. Podréis decir al hermano, a la hermana: “Levántate, no estás solo”, y hacer experimentar que Dios Padre nos ama y que Jesús es su mano tendida para levantarnos.

Acercarse y “tocar”

Jesús detiene el cortejo fúnebre. Se acerca, se hace prójimo. La cercanía nos empuja más allá y se hace gesto valiente para que el otro viva. Gesto profético. Es el toque de Jesús, el Viviente, que comunica la vida. Un toque que infunde el Espíritu Santo en el cuerpo muerto del muchacho y reaviva de nuevo sus funciones vitales.

Ese toque penetra en la realidad del desánimo y de la desesperación. Es el toque de la divinidad, que pasa también a través del auténtico amor humano y abre espacios impensables de libertad, dignidad, esperanza, vida nueva y plena. La eficacia de este gesto de Jesús es incalculable. Esto nos recuerda que también un signo de cercanía, sencillo pero concreto, puede suscitar fuerzas de resurrección.

Sí, también vosotros jóvenes podéis acercaros a las realidades de dolor y de muerte que encontráis, podéis tocarlas y generar vida como Jesús. Esto es posible, gracias al Espíritu Santo, si vosotros antes habéis sido tocados por su amor, si vuestro corazón ha sido enternecido por la experiencia de su bondad hacia vosotros. Entonces, si sentís dentro la conmovedora ternura de Dios por cada criatura viviente, especialmente por el hermano hambriento, sediento, enfermo, desnudo, encarcelado, entonces podréis acercaros como Él, tocar como Él, y transmitir su vida a vuestros amigos que están muertos por dentro, que sufren o han perdido la fe y la esperanza.

“¡Joven, a ti te digo, levántate!”

El Evangelio no dice el nombre del muchacho que Jesús resucitó en Naín. Esto es una invitación al lector para que se identifique con él. Jesús te habla a ti, a mí, a cada uno de nosotros, y nos dice: «¡Levántate!». Sabemos bien que también nosotros cristianos caemos y nos debemos levantar continuamente. Sólo quien no camina no cae, pero tampoco avanza. Por eso es necesario acoger la ayuda de Cristo y hacer un acto de fe en Dios. El primer paso es aceptar levantarse. La nueva vida que Él nos dará será buena y digna de ser vivida, porque estará sostenida por Alguien que también nos acompañará en el futuro, sin dejarnos nunca, ayudándonos a gastar nuestra existencia de manera digna y fecunda.

Es realmente una nueva creación, un nuevo nacimiento. No es un condicionamiento psicológico. Probablemente, en los momentos de dificultad, muchos de vosotros habréis sentido repetir las palabras “mágicas” que hoy están de moda y deberían solucionarlo todo: “Debes creer en ti mismo”, “tienes que encontrar fuerza en tu interior”, “debes tomar conciencia de tu energía positiva”… Pero todas estas son simples palabras y para quien está verdaderamente “muerto por dentro” no funcionan. La palabra de Cristo es de otro espesor, es infinitamente superior. Es una palabra divina y creadora, que sola puede devolver la vida allí donde se había extinguido.

La nueva vida “de resucitados”

El joven, dice el Evangelio, «empezó a hablar» (Lc 7,15). La primera reacción de una persona que ha sido tocada y restituida a la vida por Cristo es expresarse, manifestar sin miedo y sin complejos lo que tiene dentro, su personalidad, sus deseos, sus necesidades, sus sueños. Tal vez nunca antes lo había hecho, convencida de que nadie iba a poder entenderla.

Hablar significa también entrar en relación con los demás. Cuando estamos “muertos” nos encerramos en nosotros mismos, las relaciones se interrumpen, o se convierten en superficiales, falsas, hipócritas. Cuando Jesús vuelve a darnos vida, nos “restituye” a los demás (cf. v. 15).

Hoy a menudo hay “conexión” pero no comunicación. El uso de los dispositivos electrónicos, si no es equilibrado, puede hacernos permanecer pegados a una pantalla. Con este mensaje quisiera lanzar, junto a vosotros, los jóvenes, el desafío de un giro cultural, a partir de este “levántate” de Jesús. En una cultura que quiere a los jóvenes aislados y replegados en mundos virtuales, hagamos circular esta palabra de Jesús: “Levántate”. Es una invitación a abrirse a una realidad que va mucho más allá de lo virtual. Esto no significa despreciar la tecnología, sino utilizarla como un medio y no como un fin. “Levántate” significa también “sueña”, “arriesga”, “comprométete para cambiar el mundo”, enciende de nuevo tus deseos, contempla el cielo, las estrellas, el mundo a tu alrededor. “Levántate y sé lo que eres”. Gracias a este mensaje, muchos rostros apagados de jóvenes que están a nuestro alrededor se animarán y serán más hermosos que cualquier realidad virtual.

Porque si tú das la vida, alguno la acoge. Una joven dijo: “Si ves algo bonito, te levantas del sofá y decides hacerlo tú también”. Lo que es hermoso suscita pasión. Y si un joven se apasiona por algo, o mejor, por Alguien, finalmente se levanta y comienza a hacer cosas grandes; de muerto que estaba, puede convertirse en testigo de Cristo y dar la vida por Él.

Queridos jóvenes: ¿Cuáles son vuestras pasiones y vuestros sueños? Hacedlos surgir y, a través de ellos, proponed al mundo, a la Iglesia, a los otros jóvenes, algo hermoso en el campo espiritual, artístico, social. Os lo repito en mi lengua materna: ¡hagan lío! Haced escuchar vuestra voz. De otro joven escuché: “Si Jesús hubiese sido uno que no se implica, que va sólo a lo suyo, el hijo de la viuda no habría resucitado”.

La resurrección del muchacho lo reúne con su madre. En esta madre podemos ver a María, nuestra Madre, a quien encomendamos a todos los jóvenes del mundo. En ella podemos reconocer también a la Iglesia, que quiere acoger con ternura a cada joven, sin excepción. Pidamos, pues, a María por la Iglesia, para que sea siempre madre de sus hijos que permanecen en la muerte, y que llora e invoca para que vuelvan a la vida. Por cada uno de sus hijos que muere, muere también la Iglesia, y por cada hijo que resurge, también ella resurge.

Bendigo vuestro camino. Y vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de febrero de 2020, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes.


Recuperado de Vatican.va, enlace aquí.

26 mar. 2020

Nuestro Delegado de Apostolado Seglar nos hace una maravillosa reflexión para este tiempo

Cuánto tiempo le estás dedicando al móvil y más concretamente a las redes sociales esta cuarentena? ¿Cuántas cadenas de oración te han llegado? ¿Y posibilidades de misas online?.
Sobre esto nuestro delegado de Apostolado Seglar, D. Javier Porro,  tiene algo que decirte… ¡Dale al play!

Como has escuchado lo primero a que te invita es a LEER con detenimiento la CARTA que D. JULIAN nos escribió A LOS LAICOS hace un par de días.
¿Ya la has leído? … Si todavía no, en el siguiente enlace puedes consultarla: Nuestro arzobispo nos envía una carta a los laicos diocesanos.
Entrada recuperada de aquí

Cuaresmentena #12: Preparar el corazón para darse después

¿Cuántos años has empezado la cuaresma proponiéndote muchos propósitos, queriéndola vivir intensamente y cuando ha llegado Pascua te has dado cuenta de que ya ha acabado y no has tenido tiempo de prepararte cómo hubieras querido?
Este año te propongo que no vivas esta cuarentena como una limitación, quejándote por estar aburrido o no poder hacer todo lo que querrías, sino como una oportunidad, una oportunidad para vivir la cuaresma como la vivió Jesús.
Cuando oí que no podríamos salir de casa y que se suspendían todos los planes que teníamos previstos me puse muy triste, me pregunté porqué Dios permitía que se suspendieran la cenas Alpha, los retiros de Effetá donde iban a caminar algunos conocidos que lo necesitaban mucho y otros proyectos que con tanta ilusión habíamos preparado, si estos iban a acercar a más gente a Jesús.
Rezando me ido dando cuenta como Jesús también, antes de salir a evangelizar y empezar su misión, se retiró 40 días solo en el desierto. ¿Y que hizo Jesús esos 40 días estando solo? Pues preparar su corazón para poder darse después. Nosotros, estos días que estaremos más solos y con más tiempo, es una gran oportunidad para que, como hizo Jesús en la cuaresma, preparemos nuestro corazón para podernos dar cuando acabe, para poder rezar, conocernos mejor a nosotros mismos, ver nuestras virtudes y defectos, cómo Dios quiere usarnos…  (podrías empezar por escribir tu testimonio si no lo has hecho antes, por ejemplo). Y qué necesario nos es en este tiempo donde no paramos quietos y siempre queremos estar haciendo cosas, pararnos unos días. 
Por eso te propongo que aproveches al máximo este tiempo que Dios nos está regalando en casa para vivir la cuaresma que siempre has querido vivir y no has hecho antes. Seguro que será difícil, que te sentirás agobiado, que al estar encerrado con la familia tanto tiempo habrá discusiones… No olvides que Jesús en el desierto también tuvo tentaciones y lo pasó mal y aprovecha pues, para ofrecer estos sacrificios y prepararte para vencer las tentaciones.
Cris Bataller. 

25 mar. 2020

Don Julián nos escribe con motivo de la Jornada en defensa de la vida

Os compartimos a continuación la carta pastoral del arzobispo sobre la Jornada en defensa de la vida que se celebra hoy:


“Sembradores de esperanza”

Queridos diocesanos:

El día 25 de marzo, celebramos litúrgicamente la solemnidad de la Anunciación del Señor. La Iglesia en España celebra la Jornada por la Vida y nos interpela con este lema tan sugestivo: “Sembradores de esperanza”, para orientarnos en nuestra reflexión y compromiso cristiano.

Si siempre estamos llamados a sembrar esperanza, esto que podría parecer una buena intención se convierte en una exigencia en las circunstancias concretas que estamos viviendo por causa de la pandemia del coronavirus. La angustia y la incertidumbre nos rodean. Cada día todo nos parece más complejo. Miramos a nuestro alrededor y levantamos nuestra mirada al cielo. Con la angustia del salmista y con la certeza de saber que Cristo en la plenitud de los tiempos se encarnó y se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado, rezamos diciendo: “Desde lo hondo a ti grito, Señor escucha mi voz; Señor, estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica” (Ps 130,1-2).

En estos días de manera especial me he sentido cercano a todos anunciándoos este mensaje de esperanza a los sacerdotes, a los laicos y a los miembros de la Vida Consagrada. Este mensaje tiene un eco especial para nosotros al sentirnos bajo el patrocinio del Apóstol Santiago que fue confortado y fortalecido en su ánimo con la aparición de la Virgen María a orillas del Ebro. Ya el poeta Dante pone en boca de Beatriz una oración dirigida a él en la que le pide que haga resonar la esperanza desde nuestra Basílica-Catedral. Es esta virtud la que nos lleva a mirar con confianza el futuro custodiado siempre por Dios que nos lleva tatuados en las palmas de sus manos (cf. Is 49,16).

Cristo encarnado es el Buen Pastor y aunque nos toque caminar por vaguadas oscuras, Él camina con nosotros y en su cayado encontramos sosiego (Ps 23). Este convencimiento es el que nos hace ser sembradores de esperanza en nuestros hogares, en los contagiados y también en el pensar que los fallecidos habrán encontrado acogida en la bondad y misericordia de Dios Padre, habitando en su casa por días sin término.

Ciertamente para sembrar esperanza necesitamos la fe. Bien lo comprobó Pedro al andar sobre las aguas hacia Jesús. Cuando quería hacerlo por sus propias fuerzas, se hundía. También percibimos que hoy si queremos caminar sin la fe en este mar de la pandemia, naufragamos en la desilusión y no vemos horizonte. Pero el Señor nos dijo que Él estará con nosotros hasta el final de nuestros días. Con esta confianza llego hasta vosotros, queridos diocesanos, sabedor de que nuestro apoyo es la palabra siempre fiable del Señor. Es un mensaje para todos, niños, jóvenes, adultos y mayores.

Sembrar esperanza es cosechar caridad. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida” (Jn 15,13). Necesitamos ser conscientes de que la vida está para darla y de que o la damos o se nos disipa porque no la podemos almacenar. Jesús nos amó y entregó su vida por nosotros (cf. Gal 2,20) y nosotros hemos de darla por nuestros hermanos. Y lo hacemos mirando y reconociéndonos por encima de las mascarillas. Y así, posando nuestra mirada en los más vulnerables, los niños y los mayores de nuestras casas, las personas sin hogar y los pacientes en UCIS y hospitales, revivimos y actualizamos la Pascua agitada y esperanzada del Nazareno.

Queridos diocesanos, agradezcamos la dedicación de tantas personas, sobre todo el esfuerzo del personal sanitario que, como buen samaritano, no sólo trata de curar sino de llevar el sosiego de la posada dejando los denarios de la serenidad y de la cercanía. También yo me recluyo en vuestros hogares para acompañaros y sentirme acompañado, invitándoos a mantener viva nuestra esperanza cristiana. Recemos juntos desde esa Iglesia doméstica que es la familia, defendiendo siempre la vida en cualquiera de las circunstancias.


Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

Cuaresmentena #11: la esperanza no se debe desvanecer, renunciar a ella es como negar lo más íntimo de tu ser

Hace dos semanas estuve en Madrid, en un retiro en el que la palabra más repetida era “confía”. Justo cuando volví, zasca, estado de alarma, confinamiento (o casi arresto) en casa e incertidumbre y caos por todos lados. Yo seguí trabajando, hasta que mi jefa (persona con factor de riesgo ante el coronavirus, por cierto) me dijo que con esa tos y al haber llegado de Madrid quizá mejor que me quedara en casa. Esa semana que se declaró el estado de alarma (parece que hace siglos, pero fue hace muy poquito) tenía pensado presentarme en la empresa donde hago mi TFG, así lo habíamos acordado, pero de repente, cierre de oficinas, y vaya, no me puedo presentar ante mi tutor, porque hay COVID-19 in the air. Así que me quedé en casa, esperando a que los señores de blanco vinieran a hacerme el test por si estaba infectado. 
Durante todo este tiempo, lo que me ha traído una sonrisa a la cara es la palabra que tanto escuché aquel fin de semana, “Confía”. Y me río porque es una cosa que últimamente (cuando digo últimamente quiero decir desde hace bastantes años) me cuesta mucho. Confiar sobre todo en Dios, en sus planes, en sus tiempos. Confiar en que las cosas suceden por algo y que no existen las casualidades, sino que son pequeñas “diosidades” las que pasan en tu vida. Y, la verdad, aunque ahora no se le vea el sentido a toda esta locura, debemos confiar en que algún día lo tendrá, y que la esperanza no se debe desvanecer, renunciar a ella es como negar lo más íntimo de tu ser. 
No sé cómo estás viviendo esta cuarentena en cuaresma, quizá lo estés pasando genial, o quizá las cuatro paredes en las que estás encerrado te agobian y lo único que esperas es que lleguen las 7, o las 8, o las 9, o las 10 para poder aplaudir por tu ventana, o puede que tu vida siga relativamente normal y sigas trabajando, moviéndote o estudiando incluso más que antes. El caso es que Don´t worry, be happy, porque Dios tiene un plan, y no, no te está dejando fuera ni ocultándotelo a propósito, sólo déjate sorprender. Pero sobre todo, CONFÍA.

Jorge Rodríguez Pazos.

El Papa Francisco invita a toda la humanidad a rezar por el fin de la pandemia

Vídeo especial del Papa en estos momentos difíciles


El Santo Padre Francisco ha querido compartir un mensaje de oración particular en una edición especial de El Video del Papa, en una iniciativa de la Red Mundial de Oración del Papa. En un contexto marcado por la pandemia mundial del COVID-19, el Papa habló el pasado miércoles 11 de marzo para agradecer a todos los que rezan en estos momentos difíciles, sin importar su tradición religiosa.


Haciendo un especial énfasis en los enfermos y en los que más sufren, pidió elevar todos juntos la oración “Bajo tu amparo” a la Virgen María, implorando su protección:

“Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no desprecies nuestras súplicas en las necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita”

Desde que irrumpió a finales del 2019, el COVID-19 se propagó en 162 países y territorios, contagió a más de 290 mil personas de todo el mundo y provocó, por el momento, más de 12 mil muertes. Por esta razón la Organización Mundial de la Salud declaró el 11 de marzo de 2020 que la enfermedad se considera ya una pandemia.

El Papa Francisco vive estos momentos difíciles para Italia y el mundo con fe y oración. El pasado tercer domingo de Cuaresma, rezó ante el ícono de la Salus Populi Romani para enfatizar su cercanía a los que sufren e implorar la protección especial de la Santísima Virgen María.

Después, en una peregrinación hacia donde se halla el crucifijo que en 1522 fue llevado en procesión para acabar con la peste en Roma, pidió por el fin de la pandemia que golpea al mundo. En estos días, también imploró la curación de tantos enfermos, recordó a las muchas víctimas de estos días y pidió que sus familiares y amigos encuentren consuelo y alivio.




Entrada original de Aleteia aquí

24 mar. 2020

25 de marzo: rezo del Padre Nuestro mundial

El papa Francisco ha invitado a todos los cristianos a rezar un Padre Nuestro mundial el próximo miércoles 25 de marzo. Se trata de un gesto con el que quiere universalizar la oración para luchar contra la pandemia del coronavirus.
“En estos días en los que la humanidad tiembla con la amenaza de la pandemia, me gustaría proponer a todos los cristianos que unan sus voces“, ha dicho el Papa momentos después del rezo del Ángelus.
Además, dos días después, el viernes 27, el Papa presidirá a las 18 (hora local) un momento de oración en la Plaza de San Pedro. “Escucharemos la Palabra de Dios, elevaremos nuestra súplica, adoraremos al Santísimo Sacramento, con el que al final daré la bendición Urbi Et Orbi, a la que se adjuntará la posibilidad de recibir indulgencia plenaria”, ha resaltado el Pontífice.
El objetivo del Papa con estas dos citas es que todos nos mantengamos unidos en estos momentos difíciles: “Queremos responder a la pandemia del virus con la pandemia de oración, compasión, ternura“, ha destacado.
Asimismo, este fin de semana Francisco ha rezado el Ángelus desde la Sala de la Biblioteca vaticana. Más tarde, se ha asomado por la ventana del palacio apostólico para saludar a una Plaza de San Pedro totalmente vacía, ya que, el Vaticano prohibió la entrada a los fieles hasta el 3 de abril como medida de prevención para evitar contagios.
Recuperado de la web de la Conferencia Episcopal Española, enlace aquí

Cuaresmentena #10: he vivido los 20 años de mi vida engañada!!


Pues sí, ha tenido que ser así, ha tenido que llegar este bicho invisible tan malévolo para darme cuenta: he vivido los 20 años de mi vida engañada!! Sí, engañada, pero no por los que me rodean, sino por mí. Alejada de mi rutina, fuera del habitual mando de control de mi vida, este transcendente acontecimiento mundial me ha hecho ver cómo soy realmente y, sobre todo, cuáles son mis cimientos. 
Nací en una familia cristiana y toda mi vida la he pasado dentro de la iglesia: estando en muchos sitios, conociendo a mucha gente, haciendo muchas cosas… Para mí la fe siempre ha sido lo más importante y, gracias a Dios, he tenido la suerte de poder escucharla, conocerla, vivirla, celebrarla, compartirla… y todo, siempre, cuando yo he querido. Por eso, cuando anunciaron que en este tiempo de encierro ya no se podía asistir a la eucaristía presencialmente y que ya no podíamos celebrar nuestras reuniones del grupo de jóvenes, y ahora que han ampliado la cuarentena 15 días más y que probablemente no se pueda celebrar el triduo pascual de la misma manera que antes… cuando me enteré y fui consciente de todo esto, sentí que el mundo se me venía encima, vi como mis planes se caían uno a uno, como todos mis proyectos y mis ideas, todas mis ganas de vivir y de compartir mi fe, mi vida, ya no tenían sitio en la nueva realidad, y me enfadé. 
Primero me enfadé con Dios (como siempre): Él, Todopoderoso, ¿cómo podía permitir esto? tantas muertes, tanta crisis, tantos sufrimientos innecesarios e inconsolables… y una toda impotente en su casa, sin poder hacer nada. Y así es cómo me di cuenta de lo engañada que estaba, lo engañada que había vivido por mi culpa, pensando que mi casa, mi vida, estaba construida sobre la Roca: Dios. A medida que avanzaban los días, a la luz de mis incapacidades, descubrí que mis cimientos eran casi los mismos que los de aquel hombre insensato que se habla en Mt 7, 24-27, que había edificado su casa sobre la arena, y cuando cayó la lluvia, llegaron los torrentes y soplaron los vientos, su casa se derrumbó. Mi vida se había levantado encima de arena, pero no sobre una arena cualquiera, sino sobre una gorda, de esas difíciles de quitar; cuando venían dificultades menos serias a las actuales, esta arena se resistía como podía y no hacía derrumbarse la casa al completo. 
Estos últimos días he podido comprobar que para Jesús nunca es tarde, que nada es una pérdida de tiempo y que todos valemos la pena (¡¡valemos el precio de su sangre!!). Según Él, todavía estoy a tiempo de volver a construir mi casa como aquel hombre prudente, sobre la Roca, y eso es lo que he empezado a hacer. Gracias a esta atípica e inacabable situación que estamos viviendo, y gracias a la familia que tengo, he vuelto a poner mi vida en manos del mejor arquitecto (Dios) y de su fiel ayudante (la Virgen María)… 

Son las 6:15 y el despertador todavía no ha sonado. Me despierto tranquila, y puedo prepararme sin tener que andar corriendo. Mientras desayuno ya no pienso en si voy a perder el bus, y, a medida que voy encendiendo el ordenador, sonrío en mi interior pensando: “hoy no he llegado tarde”. Ya no tengo que esperar ansiosamente a que lleguen las 16:00 para poder comer, y, durante el transcurso de la tarde, puedo trabajar sin presiones. Son las 20:30, y ha llegado el que se ha convertido en mi momento favorito del día. Los 6 de casa nos reunimos en el salón, entorno al altar que hemos improvisado, y mientras unos sacan guitarras otros se reparten misterios, oraciones y cantos: ha llegado el momento de rezar el rosario en familia. Mi madre pulsa el botón (pues lo emitimos en directo por Facebook con el resto de integrantes del coro de la parroquia) y empezamos. 
Y es así, sin yo quererlo ni pensarlo, sin yo creerlo muchas veces ni haberlo planeado, como afronto este relevante acontecimiento para la historia de España, del mundo, para mi historia: con transparencia, sin engaños, con tranquilidad, muy consciente de que, cimentada mi vida sobre la Roca, jamás se derrumbará. 

Yo no sé si alguna vez te has sentido como yo, ni tampoco sé cómo estás viviendo estos días, si ya te has vuelto loco o si todavía tus apoyos son sólidos… Sea como sea, hoy tengo dos consejos para ti. El primero: asegúrate bien de cuáles son tus cimientos, y recuerda que Jesús siempre te espera (para Él nunca es tarde); y el segundo: haz caso, y ¡quédate en casa!
Carmen Fernández Gutiérrez